Una propuesta Genocida contra un pueblo secuestrado



Víctimas de las estrategias del poder.  2018 Dibujo sobre papel. Colección Privada. Miami. FL


Una apuesta por el futuro
Vicente Echerri, Nueva York
Se promueve entre cubanos exiliados una campaña —no sé con cuanto éxito— que busca la suspensión del envío de remesas, e incluso de recargas de teléfonos móviles, a familiares y amigos en Cuba a partir del próximo enero, cuando se cumplen 61 año sin interrumpidos de castrismo. Se aduce que ese dinero, que asciende anualmente a cientos de millones de dólares, sirve para oxigenar la tiranía y, de paso, ayudar a sufragar la represión; que el camino de la liberación del pueblo cubano pasa porque nosotros, los que vivimos fuera, acentuemos las privaciones y el aislamiento de los nuestros de allá, muchos de los cuales, es cierto, han mostrado una resignada pasividad frente a los desmanes del régimen y otros incluso —en un acto de masoquismo ejemplar— lo han aplaudido o todavía lo aplauden.
Los promotores de esta campaña creen —o al menos arguyen— que los oprimidos cubanos terminarán sublevándose si llegan a padecer mayor miseria e incomunicación de la que ahora mismo padecen, si sus vidas se hacen más infelices, más incómodas, más duras,más sórdidas, con el cese de nuestras ayudas. Tal vez, yo no lo creo, ni en el caso improbable de que todos los cubanos del exilio cerrasen su bolsillo y su corazón a los suyos de allá. Lo único predecible sería una acentuación de las penurias y del sufrimiento de los que, a veces, no cuentan con más recursos que lo que reciben del exterior. Si bien es inmoral subsidiar indirectamente al régimen con nuestras remesas; más inmoral me parece a mí suspenderlas aduciendo una razón política. Y esto lo dice—sin medular contradicción— quien siempre ha estado y sigue estando a favor del embargo de EE.UU. a Cuba.
Hace unos treinta años—porque esta encrucijada, este conflicto de conciencia, no es nuevo— escribía en respuesta a una iniciativa semejante a la que ahora nos proponen: 
“Si una razón tuvimos para escapar de Cuba alguna vez fue el rechazo a un régimen que quería imponernos la política de Estado, la raison d’État, como valor supremo al cual habrían de subordinarse todos los otros valores, afectos y lealtades, incluidos, desde luego, los sagrados vínculos de sangre y amistad. Nosotros dijimos que no y, por no estar dispuestos a trastocar de ese modo nuestros principios, tuvimos que irnos. Después de dar un paso tan radical,siempre que la razón política quiera tiranizar nuevamente nuestras conciencias debemos resistirnos.
“El problema cubano es un caso de secuestro colectivo. Una banda de facinerosos que se adueña del poder,valiéndose de manipulaciones y actos demagógicos, y mantiene en rehenes a toda una población de varios millones de habitantes, del mismo modo que unos terroristas pueden secuestrar a los pasajeros de un avión o a los empleados de un banco. Todos los nacionales que viven en Cuba son rehenes de esa pandilla de secuestradores, incluso muchos que la sirven; y nosotros somos los afligidos parientes y amigos que por años hemos estado pagando el rescate. Y tal vez tengamos que seguirlo pagando por algún tiempo aún. Este rescate, que el régimen de Castro aprovecha, es también —y sobre todo— el testimonio de nuestro inquebrantable compromiso con los nuestros que padecen en su carne la tiranía, y acaso nuestro vínculo más genuino con ellos, la mejor expresión de que somos de manera irrenunciable un solo pueblo”.
No podemos permitir que la pura maldad de un régimen fracasado y decrépito logre contaminarnos y endurecernos el corazón; que la frustración ante tan larga espera por el retorno de la democracia a nuestro país nos lleve a suprimir de nuestras vidas la solidaridad con nuestros compatriotas oprimidos. Esa sería la comisión de un acto innoble que no tendría más consecuencias que degradarnos y derrotarnos.Nosotros, los cubanos que vivimos en libertad, tenemos la posibilidad de ser mejores y debemos empeñarnos en serlo. Ese es nuestro aporte a la parte de nuestra nación envilecida por tantos años de despotismo. Esa es la contribución que podemos hacer a la patria del futuro, aunque muchos no lleguemos a verla.
La mezquindad que nos propone esta campaña es de muy cortas miras y de muy dudosos resultados.Precisa ver más lejos y creer que nuestro compromiso personal con los que queremos en Cuba terminará siendo el único nexo sustantivo que permanezca en medio de esta gigantesca catástrofe. Si abandonamos a los nuestros de allá por cuenta de una presunta estrategia política, estaremos haciendo nuestros los argumentos del enemigo y dándole la razón al Estado totalitario, al tiempo que cerrándole las puertas al amor, el ingrediente que el primero de los cubanos insistió en incluir entre los fundamentos esenciales de nuestra república. 





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