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Hebra

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HEBRA QUE SE DESHACE

a S.E. Avellano

Viajera que equivocas el destino final de la travesía.  
Que soñabas con recopilar historias secretas, 
dentro del mismo vórtice de la sed, la carne 
y los huesos míos y de otros. 
Que pretendías crear un lenguaje cifrado 
para aquellos que nunca volverían a reír.
Si supieras que ese hombre cuando  
escribe a media noche siempre espera 
a que derriben a patadas su puerta. 


He perdurado frente a una pared gastada y húmeda. 
En un pasillo que no conduce a ningún sitio.
El que escribe jamás pensó que la vida fuera eso, una pared, 
donde no hay barcos anclados, 
ni puertos que reciban a ilustres viajeros, 
ni jardines donde ir a reposar, 
ni agua sagrada que limpie todos los rencores.
Una pared y un interminable pasillo, solo eso.

Una pared puede ser cómplice de los secretos de un hombre,
pero no lo salva.

Quien buena parte de su vida ha buscado la verdad  
cuando cree haberla encontrado 
comienza a maldecir el tiempo que se rindió a la mentira.

Si fuera el arquitecto constru…

No olvidemos a nuestros Poetas

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Rogelio Fabio Hurtado. Poeta de la Reconciliación.



RFH 22 de junio de 1946-21 junio 2017


CANCIÓN DE AMIGO
Amigos y amigas,  venid esta noche a mi pecho que vela
No me dejéis solo, sentado a mi mesa  beberme el pasado.
Venid esta noche.
Venid y probemos aquel té otra vez,  en el grato silencio de la plaza  ceñida de azules como una doncella
Venid, amigos y amigas,  no importa que no traigan provisiones, medallas, pergaminos (las genuinas ilusiones son inaprensibles y lo aprensible carece de gracia).
Venid, amigos y amigas, dejémonos de ruines balances vengativos ! Qué bellas fueron nuestras pobres playas ¡ ! Qué tonto ha pretendido prohibimos el Cielo ¡
Venid a intercambiarnos tales rehenes de amor  para que del empobrecimiento de los años  nazca un fulgor instantáneo de belleza.
Venid, amigos y amigas,  desde lugares y criterios lejanos.  Venid, ni vigilantes ni vigilados,  ni vencedores ni derrotados.
Venid, amigos y amigas, Venid esta noche a mi pecho que vela. 


Su muerte en el lodazal de la desidia colectiva. (…

El Inmenso Silencio

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EL INMENSO SILENCIOA mi buen padre
Regresaba de estar con mi padre en sus últimos momentos. Me había esperado, no sé cuánto tiempo, tal vez días, semanas, meses, pero lo hizo. Al parecer fue un gran esfuerzo de su parte, o gracias a un intercambio de favores entre esas dos abstracciones contrincantes que son la vida y la muerte. 
Quería despedirse antes de emprender la partida, quizás eso fue un buen argumento que le puso la vida a la muerte ante su obstinada urgencia por llevárselo. 
Ida y vuelta, siempre junto a un guardia algo torpe, con las cuencas de los ojos demasiado hundidas, ojos de anciano enfermo, de un tipo que con seguridad no rebasa los treinta.
La ida a la ciudad fue en uno de esos cacharros Antonov 24 cuyos motores parecen a punto de caer al vacío, de regreso, en un tren lento, chirriante, repleto de gente que suda, caga, orina por todos los rincones inimaginables, porque la mayoría de los baños están clausurados. 
Pasajeros que escarban constantemente sus bolsas para…