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martes, 5 de noviembre de 2019

El Inmenso Silencio


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EL INMENSO SILENCIO

A mi buen padre

Regresaba de estar con mi padre en sus últimos momentos. Me había esperado, no sé cuánto tiempo, tal vez días, semanas, meses, pero lo hizo. Al parecer fue un gran esfuerzo de su parte, o gracias a un intercambio de favores entre esas dos abstracciones contrincantes que son la vida y la muerte. 
Quería despedirse antes de emprender la partida, quizás eso fue un buen argumento que le puso la vida a la muerte ante su obstinada urgencia por llevárselo. 
Ida y vuelta, siempre junto a un guardia algo torpe, con las cuencas de los ojos demasiado hundidas, ojos de anciano enfermo, de un tipo que con seguridad no rebasa los treinta.
La ida a la ciudad fue en uno de esos cacharros Antonov 24 cuyos motores parecen a punto de caer al vacío, de regreso, en un tren lento, chirriante, repleto de gente que suda, caga, orina por todos los rincones inimaginables, porque la mayoría de los baños están clausurados. 
Pasajeros que escarban constantemente sus bolsas para ver si todavía les queda algo de comida. Aunque estoy vestido de civil, la gente sabe que voy escoltado, y siento que todo el tiempo me miran de reojo, algunos, con cierta compasión solidaría, otros, con desconfianza y temor.
Tengo que reconocer que hubo también de parte de la jefatura cierta condescendencia para que saliera con ropa de civil, sin esposas y con una bola de billetes de mis últimos 6 meses de trabajo, lo suficiente para pagar los honorarios del sepelio. Me permitieron que estuviera con él en el hospital hasta que saliera de este mundo. Ni velorio, ni entierro, fue la advertencia y el acuerdo. 
Los del sistema, lo calcularon a la perfección, como si en conjunto con la vida y la muerte se hubieran puesto de acuerdo. Llegué sin retraso.
Eran como las 10 de la noche. En la entrada del hospital una recepcionista soñolienta nos informó que se encontraba en el pabellón Pepito Télles. No proporciono indicaciones de número de cuarto, ni que medico lo atendía, ni en qué condiciones dentro del estado de gravedad se encontraba.
El pabellón era espacioso, relativamente limpio, demasiado en penumbra, porque muchas de las lámparas en el techo tenían sus tubos de luz fría fundidos, y los que todavía alumbraban parpadeaban como si advirtieran que en cualquier momento todo aquel espacio iba estar en total oscuridad.
Aquel guardia fue solidario. No nos quedó más remedio que ir de cuarto en cuarto preguntándole a los acompañantes de los allí ingresados por mi padre. El guardia por un ala de la sala y yo por la otra. Pero esa tarea no resultó, nadie lo conocía y menos sabían si lo habían trasladado.
Finalmente llegamos a la conclusión de que no quedaba otra opción 
que volver a la entrada y preguntarle a la recepcionista soñolienta
acerca de su paradero. 
A la salida, nos tropezamos con un sujeto que llevaba puesto una bata de medico o de enfermero, que al vernos abrió los brazos como si nos estuviera dando la bienvenida. Tenía cara de caballo.
-Al fin llegaste. - Me dijo cuando lo tuve frente a mí.
- ¿Me conoce?
- ¿Eres el hijo de Fermín? Siempre me habla de ti, te espera.
 - ¿Dónde está?
-Detrás de este pabellón hay otro más pequeño para pacientes en fase terminal.
- ¿Usted es su medico?
-No
- ¿Enfermero?
-Tampoco.
Quedó en silencio, miró al guardia como si buscara su aprobación, luego con cierta complicidad, susurró:
-Me dedico a cuidar a personas a punto de encontrarse con Dios. 
Escuché al guardia soltar una carcajada, pero el individuo no le hizo caso. Nos acompañó hasta la entrada del referido edificio, y se evaporó sin darme tiempo de darle las gracias.
-Que tipo más feo ese -comentó el guardia-. Mete miedo, es como un fantasma.
Entramos al pabellón que nos había indicado. Adentro, tres enfermeras, dos mulatitas casi adolecentes, y una blanca gordísima, todas sentadas en unos sillones frente a la tele donde al parecer trasmitían una comedia. Al ver una escena que les parecía graciosa, las enfermeras reían y hacían comentarios.
Me dirigí a la que suponía era la jefa. La blanca, regordeta, media canosa, de unos cincuenta años, cuyo uniforme empercudido olía a éter. Usaba unas zapatillas azules de peluche.
-Compañera cuál es la habitación del paciente Fermín Valdes Barroso.
Pero la mujer no me respondió, seguía con la vista en el televisor. Volví a preguntarle. Y lo mismo. Detrás de mi, el guardia le grito:
-Oye, déjate de comer tanta mierda y atiende a este hombre.
Las enfermeras nos miraron entre perplejas y aterrorizadas. Observé que a la regordeta le temblaron los labios. Quiso levantarse del sillón, pero no pudo, era mucho el peso de su culo. Un culo desbordante y que comprimía el asiento.
Me miró primero de arriba abajo con menosprecio, luego se dirigió al guardia.
- Ay, disculpa, no lo oí. ¿Ha quién busca?
-A mi padre, le dije, se llama Fermín Valdés.
-Ah, el viejito ese, está en el segundo cuarto a la derecha.
-Dale, ve a verlo, - yo me quedo aquí viendo la tele.
Alcancé oír a la regordeta decirle a una de sus compañeras que trajera un asiento para 
el guardia.
La habitación se encontraba en penumbra, olía a carne pútrida. En una cama de metal yacía  con los brazos extendidos. Pensé que estuviera acompañado por su hermana, o una de sus sobrinas, pero se encontraba solo.
Al escucharme entrar, levantó con mucho esfuerzo la cabeza.
- ¿De qué ríen esas mujeres? Dile que se callen. Uno tiene que irse tranquilo, sin tanta bulla. ¿Sabes a qué hora exacta es mi partida?
-No lo sé papá, nadie sabe cuando hay que irse. 
 No sé cuanto tiempo estuvo en silencio. Observé paralizado como unas diminutas cucarachas que nunca he llegado a saber por qué la gente la nombran alemanas, caminaban sobre la sábana que lo cubría.
- ¿Donde has estado metido? Tú como siempre dando vueltas por ahí… Balbució.
No le respondí. Presentía que esperaba una señal. Luego miró al techo como si hubiera descubierto algo grande. Abrió su boca y finalmente entrecerró los párpados. Eso fue todo. Salí rápido de aquel cuarto. Sentí humedad entre mis piernas, me había orinado. El guardia al verme me preguntó:
- ¿Ya?
-Si, ya se fue.
Las enfermeras divertidas con la comedia continuaban con su risa.
Rechace mirarlas.
Luego de cumplir con todos los trámites burocráticos relacionado con el fallecimiento. Apareció primero mi prima, que llevaba un bolso de donde extrajo un trajecito azul Prusia que mi progenitor usaba en ocasiones importantes, una camisa blanca de nylon y una corbata de rombos. Luego en busca de mi aprobación, me mostró un manojo de medallas que los del gobierno le habían otorgado por ser trabajador vanguardia nacional de la industria azucarera. Me preguntó si la podía ayudar a vestirlo y ponerle las condecoraciones y le dije que no. Me preguntó si me permitían estar al menos una hora en el velorio. Y le dije que era imposible. 
Luego, llegó mi tía, que se abalanzó hacia mi sollozando. Olía a pomada china, y empezó ametrallarme con acusaciones y culpabilidades. “Ay hermano mío, que mal hijo has tenido” “que cabeza loca”, “que irresponsable” “que desapegado”, “un aventurero”, “un arrogante con esos libros de mierda que dicen que escribe”.  Se calló abruptamente cuando le entregué el sobre con el dinero que traía.      
Al regreso, mi escolta me cedió la parte del asiento que daba a la ventanilla del coche del tren, no sin antes advertirme: Hueles a meado. 
Gracias a su amabilidad pude contemplar el paisaje. Avanzaba la media noche.
Se trataba de una planicie corroída por la intensa sequia, por vientos de los huracanes que cada temporada con mayor o menor intensidad la azotaban y por la enloquecida desidia y devastación humana. En ella habitaba un Inmenso silencio. 
Al sur estaban las ciénagas y el revuelto mar de sargazos con un manto de plásticos y desechos. Al norte, la capital de los antiguos ganaderos y hacendados que fueron propietarios de extensas plantaciones de caña.
- ¿Quién puede enfrentarse a un Inmenso silencio como este? Le pregunté al guardia.
- ¿Qué es eso de Inmenso silencio? No entiendo de qué me está hablando.
-Es una sensación de pavor frente a la vastedad de lo que desconocemos; es difícil explicarlo. Es como cuando uno presiente que va ocurrir algo que no alcanzamos a saber si será para bien o para mal. Para ser más exacto, es un sentimiento de total indefensión, como si fueras un insecto a punto de ser aplastado, como si a un astronauta en una de las caminatas espaciales se le corta el cable que lo ata a la nave y comprende que quedará suspendido en el infinito hasta que finalmente se desintegre...
-Lo que usted dice es como sentir mucho miedo ¿verdad?
-Más o menos, hijo…
-No me diga hijo, 771, me llamo Gerardo, yo no tengo padre, nunca lo tuve y nunca lo tendré, además, no se imagine porque parezco buena gente, lo soy.
-Lo de hijo fue un decir, no quise ofenderte.
-Bueno dejemos eso, sabe, yo he sentido ese inmenso silencio que usted dice, creo que desde que nací he tenido miedo a la oscuridad, porque en la oscuridad se me aparecían unos animales alados que me atormentaban.
- ¿Animales alados?
-Sí, unas figuras mitad pájaros, mitad perros, de color dorado muy intenso, que revoloteaban en la noche cuando me disponía a dormir. Esas figuras se acercaban tanto, que me hacían saltar y correr despavorido hacia la cama de mi madre en busca de protección.
Creo que desde que tengo uso de razón he luchado un montón de veces contra esas cosas. Y siempre frente a ellas he sentido un miedo tremendo. Quizás por eso cuando cumplí la edad militar me metí a guardia, quería demostrar ante mí mismo que podía ser valiente, que no les temería a esas apariciones.  Aspiré a ser miembro de Tropas Especiales, de esos que siempre están al borde del peligro, pero los de esa Jefatura no me aceptaron. Llené planillas para ingresar en el cuerpo de Guarda Fronteras, pero tampoco, por último, logré que me enrolaran en prisiones, lo peor, nada heroico, un trabajo totalmente desprovisto de situaciones extremas, mierdero, rodeado todo el tiempo de la peor calaña de la sociedad, y en las prisiones fue cuando me compliqué…
Quedó callado, me miró asombrado y se dio un manotazo en la frente y exclamó:
-Ah! ¿pero por qué coño le estoy diciendo estas cosas?
No me atreví a preguntarle cual fue la complicación que tuvo.
-No te preocupes Gerardo, es una conversación para que pase rápido el tiempo mientras viajamos, posiblemente cuando lleguemos no nos volvamos a ver y por mi parte, lo que me has dicho sobre esas cosas que te han atormentado, no se lo comentare a nadie.
Observé que se tranquilizó. Comprendí la razón por la cual me había cedido el asiento que daba a la ventanilla. Aquel infeliz no soportaba la oscuridad que reinaba en aquella planicie y posiblemente ninguna otra. Únicamente los disfuncionales, los que han sido sometidos a situaciones extremas y se han vuelto unos perturbados crónicos pueden estar atrapados permanentemente a un Inmenso silencio y saben realmente su significado. ¿Acaso este guardia no sería un perturbado? Me fijé que a cada rato se comía las uñas. 
Con la intención de que no se imaginara que estaba por encima de él, le dije:
- Gerardo. la lucha tuya con esas apariciones nunca podrá compararse con las mías. 
- ¿Se está burlando de mi?
-De ningún modo, pareces una persona digna de respeto.
- ¿De respeto? - me miró sorprendido y agregó: -No me haga reír. 
-Escucha, déjeme explicarte. La primera ocasión que sentí en toda su magnitud el Inmenso silencio o el terror como dices, fue en la Sierra Madre, allá en México, a unos 15 kilómetros de un poblado nombrado Jesús, María y José.
Me escudriñó sorprendido
- ¿Usted estuvo en México?
-Hace años. Fui invitado por una Universidad a impartir un curso de literatura.
-¡Vaya, entonces eres uno de esos que sabe mucho, un profesor...
Hizo una mueca de desagrado y se metió las puntas de los dedos en la boca y volvió a podarse las uñas.
-No sé mucho, si supiera lo suficiente y en especial sobre como conducirme en la vida no estuviera ahora donde estoy...
Interrumpió su obsesiva tarea con las uñas.
-Usted debe ser uno de esos que habrá leído mucho, ¿verdad? ¿y quiere que le diga lo que pienso sobre ese tipo de gente? ¿No se va a molestar? A mí los que son muy letrados me caen como si me dieran una patada en el culo. He comprobado que entre más culto y educado es el hombre, más hijo de puta suele llegar a ser. Pero cuenta 771, ¿ qué le pasó allá en 
esa sierra?
-Conviví con una arqueóloga, era hermosa, inteligente y con una personalidad muy fuerte, muy independiente. Luego se puso un poco gorda y algo descuidada. Le gustaba el alcohol, tanto, que se podía beber de un tirón una botella de tequila como si fuera un soldado de la tropa de Pancho Villa.
Ella se movía en las esferas del poder, era amiga del gobernador del estado, había sido amante del secretario del gobernador, también amante y posiblemente confidente del jefe de la policía judicial, en fin, aquella mujer era un personaje por toda aquella región. Y por fatalidad me enamoré de ella.
Nuestra relación empezó apasionada, en un momento creí encontrar con ella, la estabilidad emocional que tanto anhelaba, pero uno descubre el lado siniestro de una persona cuando ya es demasiado tarde. A veces no suelo escuchar. Algunos amigos que la conocían advirtieron que solo valía la pena tener unas cuantas noches de placer y jamás algo serio y que arriesgara sentimientos. No les hice caso.
Efectivamente en unos meses, entre nosotros todo empezó a deteriorarse. Una noche, después de decirme que como hombre no valía, me dejó sentado sobre una piedra volcánica en medio del paraje más inhóspito que he conocido en mi vida. Aprovechó un descuido y se largó en su Jeep. Yo me resistía a que me hubiera entregado a esa horrible penumbra en medio de una tierra extraña. No podía creer que pudiera cometer semejante salvajada. Pero lo hizo. Lloré por ella, por la quiebra de mi familia, y por lo que acontecía en toda 
mi vida.
La otra experiencia ocurrió en mi casa. Unos tipos cada media hora me amenazaban de muerte por teléfono. Estaba seguro que era una de las diversas técnicas para amedrentar a un opositor. Un jodido y siniestro método que duró desde noviembre del 88 hasta principio de enero del 89. El Inmenso silencio consistía en no saber quiénes eran los que sistemáticamente me amenazaban. Me preguntaba cómo eran sus rostros, qué sentían cuando realizaban aquel hostigamiento. Entre las personas que integraban aquel equipo, había una mujer, la voz de una mujer que se decía llamar Loreta. No hay peor tormento que escuchar la voz punzante, soez, de gente que te llama por teléfono y te atribuye hechos que nunca has cometido y te amenazan con matarte si sales a la calle. Efectuaron un cerco. El cerco alemán, la copia tropical de los agentes de la Stasi. Y tanto dieron aquella gente, que claudiqué. 
- ¿Qué es eso de Stasi y cerco alemán? 
No le respondí.  El desconcierto reflejado en su rostro aumentaba.
-Un oficial de la seguridad que me pastoreaba por aquellos días, -proseguí - me aseguró que la revolución no practicaba ese tipo de métodos. Que aquellas supuestas llamadas eran infundios creados por mí para desacreditar al gobierno. 
- ¿Y a ti te atendía un agente de la seguridad? 
El guardia me miró con recelo y agregó:  
-Todo eso que me cuenta 777 es muy raro. ¿Usted no estará loco?
- Tal vez...
Quedamos largo rato en silencio hasta que el tren se detuvo. Un empleado ferroviario anunciaba con voz de barítono: “Parada en Cienaguita, los que se quedan en Cienaguita está es la parada. Tres minutos para estirar las piernas, sólo tres, ni uno más, ni uno menos. Los que se demoren y se les va el tren, que luego no se quejen…  
Bajamos y nos paramos en la plataforma de una estación con una tórrida humedad que brotaba del vientre arcilloso del suelo. Prevalecía una ocre luz. Pronto amanecería. Los pasajeros agitados, sudorosos, salían con sus bultos a toda prisa de los vagones, otros, igualmente agitados, sudorosos y cargando sus respectivos matules, esperaban abordar 
el tren. 
Entre la gente que se arremolinaba por aquella terminal, sobresalía una mujer alta, extremadamente flaca, que sostenía sus manos una soga atada al cuello de un perro, igualmente flaco, color almendra. El animal ladraba desesperado y la mujer le gritaba. “Cállate so maricon, cállate, me tienes loca, loca” La mujer me recordó a una de las figuras femeninas que pintaba el maestro Fidelio, pero sin las estolas andaluzas que cubrían sus cabezas. La mujer alaba al perro hacia ella y lo pateaba con unas chancletas de palo que calzaba en sus mugrientos pies. Noté que mi custodio se divertía al contemplar aquella brutal escena.  
“Ya la he visto otras veces”. Me advirtió. “Esa hija de puta es una quemada que monta espectáculos para llamar la atención. Una ves se encueró en pelotas y se la llevaron. No sé por qué no la acaban de encerrar definitivamente.”
Entramos de nuevo al vagón. Mi custodio guardó su dentadura postiza en el bolsillo de su camisa. Posiblemente quería dormir un rato sin temor a que se le desprendiera de las encías. El tren volvió a sacudirse y emprendió la marcha. En la próxima parada llegaría finalmente a mi destino. Sentí cierto alivio, como quien retorna a su hogar luego de una larga y fatigosa travesía.

















domingo, 13 de octubre de 2019

LA SOGA QUE CIÑE AL CORDERO











UN PUNTO EN LA OTRA ORILLA


A Rene Ariza IM y a la emérita pintora Clara Morera.

La tarea del recluso consistía en limpiar cada tarde las terrazas exteriores de la histórica fortaleza y prisión de La Cabaña.
Precisamente desde aquella explanada, mientras realizaba la faena, divisaba por unas horas a su mujer, que dos o tres veces al mes se paraba al otro lado de la bahía en un punto del malecón y de su bolso uno a uno extraía pañuelos, con los cuales creaba un lenguaje cifrado, una especie de clave Morse, que el prisionero interpretaba y pretendía reconstruir un panorama de lo que ocurría fuera de su encierro.
Un pañuelo blanco y luego otro azul, significaba que ella lo esperaría hasta que cumpliera la condena. Un pañuelo verde, que le era fiel y que sus ojos eran sus ojos, y en su frente guardaba para él, los más nobles pensamientos.
Un pañuelo amarillo abarcaba el concepto del tiempo: Los niños crecen, los días vuelan, pronto serán jóvenes, terminaran una carrera, se enamoran, tendrán familia y descendientes.
Amarillo y blanco: Tengo miedo, miedo a encanecer, a las arrugas, a ponerme definitivamente vieja y sola sin que estés a mi lado.
Un pañuelo gris y triangular: No puedo amar a ningún otro hombre. Tú sabes que la grandeza del amor es el sentido de lo exclusivo. Claudica, por Dios te lo ruego. Cuando salgas iremos a Viena para reconstruir definitivamente nuestras vidas. Allí escucharemos el repiquetear de las campanas en todas esas majestuosas catedrales que en esa ciudad han sido erigidas. Juntos pasearemos en trineo, no quiero irme de este mundo sin antes ver la nieve.
Uno blanco con puntos negros trasmitía la fatalidad, el inicio del declive. Estoy desesperada, nuestros hijos como muchos emigraran. Padezco de insomnio, quizás estoy enferma. Por las noches aparecen figuras que me balbucean al oído frases de excesiva malignidad.
Un pañuelo negro significaba, el luto, la pérdida: Tu madre falleció desconsolada porque no logró conseguir tu libertad.
 Blanco y dorado: Ha llegado el tiempo de la resignación. Han volado los años. Me sobresalta la duda. A veces pienso que Dios se ha vuelto una piedra que nunca me ha escuchado. Tengo miedo que mis labios sean un par de hebras que ya no sirvan para volverte a besar. A pesar de eso, te sigo amando como cuando casi niños nos conocimos.
Magenta representaba la perseverancia: Aunque vaya arrastrándome, estaré,
en el mismo punto de siempre para mostrare nuevos pañuelos que son en definitiva el relato casi eterno de nuestras vidas ...
También por el mismo método, la mujer le trasmitía noticias trascendentales de lo que ocurría en el mundo. Es cierto que aquellas noticias a veces poseían atrasos hasta de vente años de haber ocurrido. Pero para el hombre, lo caducidad carecía de importancia, como si el pasado y presente se hallaran dentro de un mismo receptáculo.
Por eso, frente a sus compañeros de galera con una expresión de saber de una verdad que dentro del penal nadie sabía, los narraba con lujo de detalles como si hubiera ocurrido ese mismo día. La noticia o las noticias las repetía con frecuencia y quizás por compasión o puro entretenimiento los reclusos las escuchaban. Así se forjo por las distintas jefaturas del penal y   por parte sus compañeros de encierro en un personaje algo disparatado,
Buen ejemplo que comunicó infinidad de veces fue la ocasión en que ella le mostró un pañuelo que tenía estampado una luna en fase creciente con unos puntos negros en el centro.
“20 de Julio 1969 Los americanos acaban de aterrizar en la luna, esa es la novedad internacional del momento. Dicen que un astronauta ha bailado en esa planicie plateada, ha jugado entre cráteres imponentes, ha hecho murumacas como si fuera niño, desde allí, afirman que vieron a la tierra envuelta en un velo de encajes. Todos están conmovidos por tan enorme hazaña.
Después le mostró un pañuelo con otra luna, pero rodeada en sus bordes por signos
de interrogación.
No creo que los americanos han conquistado a la luna y posiblemente tú tampoco lo creas, porque eres una criatura suspicaz. Mis argumentos son: Si no hemos sido capaces de poner los pies en la tierra y ni tan siquiera hemos hecho el esfuerzo por hurgar en lo recóndito de
nuestras almas, ¿cómo vamos andar en los suelos misteriosos del universo? Que no nos vengan con cuentos, eso es pura propaganda.
A mí tienen que demostrármelo, y para es, tendrían que hacerme cosmonauta, ponerme en un cohete y viajar hasta allá.
Había una advertencia al final de aquel mensaje: No caigas pesado. No le trasmitas mi incredulidad de ese viaje a tus compañeros, lo peor que puede hacer una persona es matar las ilusiones a los otros. Recuerda que nos nutrimos de las quimeras. Somos parte de una gran fantasía y cuando esta se aniquila, ya no hay esperanza de continuar con vida en este maldito mundo.
Cuando la jefatura de Orden Interior determinó que el prisionero no volvería a salir a limpiar aquellos lugares, el hombre cayó paulatinamente en un estado de inmenso desconsuelo, primero enmudeció, su cuerpo empezó apestar al no ir a las duchas.
Serafín Morales seso de ingerir alimentos y a los pocos días de no beber agua, las alarmas dentro se dispararon.
Al ser informado de la situación el máximo responsable del penal se presentó en la enfermería acompañado de un subalterno.
―Vamos a ver Serafín, ¿ por qué estás haciendo esto, estas en huelga, una demanda para llamar la atención? Me extraña este comportamiento, tú no has sido un conflictivo ¿ahora te vas a poner con esa mariconera, en la recta final? Sabes, estas apunto de que te otorguen la libertad, ¿me oyes?…
El Jerarca lo zarandeó, le propinó unas cachetadas.
― Pronto vas estar en la calle, eso es una buena noticia ¿no? ¡Habla, carajo, ―le gritó exasperado― di algo!
Pero el hombre seguía ido.
―Jefe —le interrumpió el subalterno. —Debe calmarse. Pensé que usted estaba al tanto lo que origino esta situación.  Este tipo se ha puesto así desde que se le anunció que no volvería a trabajar en labores de mantenimiento en las terrazas.
― ¿Por eso? ¿No se trata de un asunto político?
 ―No. Incluso se le explicó que la medida no era en su contra, se le informo una cantidad de veces la posibilidad de trasladarlo a una granja abierta para prepararlo para su liberación definitiva. Además, de que dentro de unos meses, la Cabaña seria cerraba definitivamente como prisión y una empresa civil en lo adelante se encargaría de la restauración y mantenimiento de esta fortaleza. 
― ¿Por eso ha montado este espectáculo? ¿Que dicen los médicos, le han puesto suero, cuanto tiempo lleva a si?
― Grave, mas de una semana, ayer el enfermero le retiro el suero en espera de una decisión suya para trasladarlo al hospital. Pero hay algo mas que al parecer usted no tiene conocimiento…
― ¿Qué cosa? ―Pregunto el Jerarca a la defensiva y visiblemente molesto.
 ― El recluso al no poder salir a trabajar en las terrazas, no podía volver a ver a su mujer que desde hace muchos años se para en un punto específico del malecón y le saca pañuelos…
― ¿Pañuelos? ¿Qué historia es esa?
―A través de esos pañuelos ella se comunica con él. Esa actividad aparece en su expediente…
― ¿Que tipo de comunicación? ― El Jerarca miró con recelo al oficial.
―Narra a su modo lo que pasa en su vida y en la de su familia, lo que ocurre en la calle.
Una investigación anterior, que también esta plasmado en el expediente, arroja que la mujer se gana la vida con la venta de pañuelos. Además, hace tapices. ¡Una artista ya usted sabe lo rara y extravagante que son esa gente.
Al principio, los pañuelos los adquiría por las puticas del puerto que a su ves lo recibían como obsequios de parte de la tripulación de los barcos mercantes que tiempo atrás fondeaban en la bahía. Ahora, elementos del mercado negro le venden a ella rollos de lienzo y hasta de seda con los que cofecciona y diseña pañuelos, de su producción separa algunos destinados a la correspondencia con su marido, y el resto los vende por la calle o en las ferias de artesanía.…
― ¿Los de la Contra Inteligencia conocían de todo este absurdo?
―Si, pero era y es algo  de no tomarlo en serio, inofensivo, más bien resultaba un caso que daba risa y pena al mismo tiempo.
―Si, es patético y loco. ―dijo el Jerarca mientras se alejaba del camastro donde se hallaba postrado Serafín. Luego añadió. ―Trasládenlo de inmediato al Psiquiátrico antes de que se nos muera mirando al techo.

domingo, 25 de agosto de 2019

LOS BREVES CUENTOS DE GUILLERMO SAMPERIO

Alejandro Lorenzo

La literatura latinoamericana se nutre de un escritor que intenta modificar las estructuras del cuento y proporcionarle al género nuevas formas expresivas, se trata del mexicano Guillermo Samperio un continuador con vos propia, de los maestros Julio Cortazar, Juan José Ariola , Jorge Luis Borges, para citar algunos de los más significativos de la narrativa contemporánea.
La Gioconda en bicicleta editorial Océano reúne 26 relatos cuya lectura es una convocatoria para que el lector desembarque en el mundo de la imaginación y la poesía.
Este es un libro que se puede leer aparentemente fácil por la brevedad de alguna de sus historias, pero es necesario tener cierto cuidado porque en esa brevedad existen senderos plagados de conceptos, mensajes subterráneos y a veces crípticos.
Cada cuento es un asombro, quizás porque Samperio describe de forma minuciosa la cotidianidad de ese universo de las cosas y de las criaturas pequeñas que la mayoría no percata el valor de su existencia.
“Quizá entendemos al pájaro, al árbol, al río, al monte, al cielo”, expresa en
el cuento Minimalia, “pero bajo la sombra de la piedra hay una serie de luces delicadísimas que desconocemos”.
Samperio interpreta y reinterpreta el significado por ejemplo de un cuarto de un hotel, del reloj y sus funciones de regular el tiempo y que comprimen al hombre, de un grupo de simples vasos de un restauran que agrupados por un misterioso personaje pueden convertirse en una catedral de luces.
El autor es testigo y cómplice de sus propias invenciones, juega con sus ideas, hace propuestas quizás con el propósito de que el lector desentrañe sus ocultos mensajes.
Incluso en el presente volumen, los actos de violencia y barbarie de la sociedad moderna cobran en algunas de sus historias lo que podría aseverarse como una especie de poética del horror. El México de los secuestros, el del narcotráfico.
Los otros cuentos, los lineales, sin tantas imágenes superpuestas, ni vericuetos simbólicos, obtienen una fuerza que conmueve. El rigor reposa en la sencillez. Es el caso de Ziska y los viajes. Samperio en esta historia particular excava hondo en la condición humana, en la solidaridad, en la compasión, añadiendo componentes de la mejor y depurada literatura erótica.
Luego de terminar con este volumen el lector percibirá que se ha adentrado en las crónicas de un viajero cuyo territorio inédito ha sido desvelado con impecable destreza. Tal virtud hace que la presente pieza literaria será difícil de olvidar.

martes, 16 de abril de 2019

Compañeros de Viaje







1ra Exposicion Maderas Ceremoniales. Galería  Racho Boyeros. Palabras de apertura  por el pintor Jesus de Armas Gonzales. En la foto: Jorge Domingo Cuadriello, Nicolas Lara, Spino, Francis Corzo, la pintora Maria Sanchez entre otros. La Habana. Cuba. 1981





Maderas Ceremoniales.  En la foto el cuentista Spino y el pintor Jesse Rios. 1981





Artistas en la Gran Piedra. Entre ellos Telbia Marin, Olimpia, el escultor Coba  y el fotógrafo Eder Gomez. Santiago de Cuba. Cuba. 1984








Al Filo de la Madera. Exposición en la Galeria 12 y 23.En la foto: Erminda Nuñez, Los pintores Larrinaga, Vasquez, Nicolás Lara y el galerista y promotor cultural Enrique Silva. 
La Habana. Cuba. 1984







El poeta Raúl Luis y Guillermina Ramos en la presentación del poemario La Cuerda Rota.






Presentación de la Cuerda Rota Ciudad de la Habana.  Con la amiga  Susana Sabolcs y la arquitecta Perla Marinello Cuba.1991







 La Cuerda Rota.







Primeros días fuera de Cuba. Con el pintor Bonachea. Hostal Rivera. Merida Yucatan. 
Mexico 1992






Fronteras Rotas. Universidad Baja California. Mexicali. Mexico 1991.




















Primera presentación  de Cantos del Centinela, de Esteban Luis Cárdenas. En la foto el gran amigo, el intelectual Jorge Valls. Librería de Camilo Barquet. Miami, Florida 1995






          El poeta Esteban Luis Cárdenas y Manolito Profundo. Miami Florida 1995




Cantos del Centinela el gran libro de Esteban Luis Cardenas. Carlos Diaz Barrios, Cardenas y Aloma. Teatro de Pedro Pablo Peña. 1995 Miami. FL.








Homenaje a Rene Ariza en el teatro de Pedro Pablo Peña. Miami. Florida 1995 






Heberto Padilla. Los tiempos de Miami Lake. Su hijo Ernesto y su esposa 
la poeta Belkis Cusa Male.





Heberto Padilla, lee. Miami Lake. Miami. FL





Almuerzo con Padilla.






En torno al poeta Heberto Padilla. Presentación del Club Linden Line Magazine. Margarita Trancho, Belkis Cuza Male, Silvia Sarazua, Padilla y una persona sin identificar.
 Restauran Versalles  Miami. Florida 1996






Encuentro con la pintora Clara Morera. Librería Camilo Barquet. Miami . Florida 1995






Encuentro con Rogelio Fabio Hurtado. En la foto Max Castro, Cristina Crespo,Silvia Sarasua. Miami. Florida. 1995



Primera presentación de Antes y Después del mar. Con Carlos Diaz Barrios, editor de La Torre de Papel. Centro de Estudio de Español. Librería Universal 1995.




El escritor Carlos Victoria, Aloma y Posada. Librería Universal. 1995





El Musicólogo Elio Horovio, junto a  la Condesa Mery Davis de Cortelare Miami. Florida .1996





El amigo Elio Horovio.






Encuentro  en casa de Jesse Rios con  el pintor Nelson Dominguez .el critico de arte Rodolfo de la Fuente y el pintor Rogelio Garro. Miami. Florida 1996





Olga Cartaya y la legendaria Hilda Felipe. Miami Florida 1998





Presentación Los Orishas en Cuba de Natalia Bolívar en el Miami Dade Comunite College. 
En la foto a la derecha el periodista Alejandro Ríos. Miami Florida. 1996










Visita a la antropóloga y coleccionista de arte, Natalia Bolívar Ciudad de La Habana. 2017









Etapa de San Francisco. Con Adán Griego. Universidad Stanford. California 2001





El poeta Rogelio Fabio Hurtado, en el Café Radio Habana Social Club, junto a la pintora 
Vee Mahoney. San Francisco . California 2002-2005








El Pintor Michelson,  Gomes y el diseñador y pintor Víctor Navarrete en Radio Habana Social Club. San Francisco California. 2004-2006





Rogelio Fabio Hurtado junto al pintor Michelson. Radio Habana Social Club. 
San Francisco California. 2005





La sindicalista portuguesa Paula Almaral y Maricel Mayor. Madrid 2002





Cena con el poeta Alberto Lauro junto a Maricel Mayor en el Restauran Casa Botín, Madrid. España 2002






Primera presentación del libro Jornadas de Mateo- Mateo Progress. Editorial Pure Presss Play. San Francisco California. 2005




Mateo Progress en La Casa del Libro. San Francisco California. 2005





Presentación de Mateo Progress en Book&Books palabras del editor David Ladau. 
Coral Gables 2005










Con el poeta  y político Jorge Valls. Presentación de Mateo Progress 2005




Con el inolvidable Agustín Tamargo. Presentación de Mateo Progress en Book&Books 
Coral Gables.  Florida 2005




El pintor Jesse Rios en  Book&Books.





Exposición conjunta en Espacio alternativo con el poeta y pintor Carlos Diaz Barrios.  
Coral Gable. Florida. 2008





La periodista cultural Elena Iglesia y Fred Raspaport coleccionista de arte, en la  exposición Espacio Alternativo Coral Gable Florida 2008







En el despacho de José Shelala Lopez. Madrid. España. 2011






En el Club de Génova con José Shelala Lopez. Madrid. España. 2011






Con el gran poeta español Leopoldo María Panero. Parque del Retiro. Feria del Libro 
en Madrid. España 2011





El poeta Panero.





El poeta Rafael Alcides en el Parque del Retiro. Feria del Libro en Madrid España. 2011







El periodista Simardi Thamas. Budapest.  Hungria. 2011







Mi gran amigo el hispanista, historiador y librero Pedro Yanes 2015. Miami Florida.





El narrador Jose Lorenzo Fuentes. Cuba 8 Miami FL 2013




Lorenzo Fuentes.




Con Modesto Abety y Cecilia Gutierres. Miami. Florida 2012




Junto al pintor Tomas Sanches. Galería Sori. Coral Gables. Florida. 2014







Mi amigo el pintor Tomas Sanches Miami Florida 2013







Exposición de Humberto Castro, junto a los pintores Arturo Cuenca y José Bedia. 





El pintor Arturo Cuenca






El pintor Chago. Miami Beach Florida 2007














Con el canta autor Pedro Luis Ferrer. Cuba 8. Miami Florida 2013








Gloria Leal festejando su retiro del periódico El Nuevo Herald Miami. Florida 2014








Exposición de Ivon Ferrer junto Aldo Menendez. Miami Florida.





                      

El fotógrafo Grandal  Miami. Florida. 2014






Ivon, Aldo y Grandal









Con el periodista y escritor colombiano Enrique Cordova. Miami Florida 2015








La novelista Wendy Guerra. Cuba 8. Miami. Florida. 





Alejandro Ríos y Nestor Diaz de Villegas. Feria del Libro de Miami 2014






Ramón Fernandez Larrea  Feria del Libro de Miami  Florida 2015





   La poeta Marielena Cruz Varela Café Demetrio Coral Gable. Florida. 2016





El caricaturista Aristides y Rebeca. Miami Beach . Florida.




Promotoras culturales de la República Popular China. Quince Place y Athena Xi, junto a Modesto Abety. Miami Florida. 2016



Athea en Cuba 8 2016





La Santa Cena rumbo a Nebraska. Roberto Ramos Cuba 8. 





Jorge de Mello curador e historiador de arte.





Junto a la artista y compositora musical Best Custer. Festival de Cine Miami. Florida. 2016






La académica Madelin Camara Feria del Libro de Miami 2018







María Cristina Fernandez narradora y periodista de arte. Coral Gable. Florida. 2016





Yoani Sanchez, periodista independiente. Miami Florida 2016





Reynaldo Escobar Casas, periodista independiente y amigo historico. Cuba 8. 
Miami. Florida. 2018







Con el poeta Juan Martin, la critica de arte Adriana Herrera y el fotografo Castellano. 2014







Ramón Cernuda en Art Miami 2017




        Gustavo Acosta y Ramo. Galeria de Cuba 8 2017






Revista Conexos con Sotomayor y parte de su equipo. Librería Altamira. 
Coral Gable Florida. 2018





La Abogada Aleida Jacov y Guillermina Ramos. Libreria Altamira. 2017




El  gran jazzista Tony Perez. Miami. Florida 2017




La narradora Teresa Dovalpage. Feria del Libro 2018 Miami. Florida.





Encuentro de Guillermina Ramos y el académico Enrique Paterson. Miami Florida. 2018







El historiador y Comandante del Directorio Estudiantil Revolucionario Guillermo Jimenez. 
La Ciudad de la Habana, Cuba 2017





Encuentro con el intelectual Jorge Domingo Cuadriello. La Habana, Cuba 2017





Allan Benjamin y Litta Blanc. En Winwood, Miami, Florida.





























El Inmenso Silencio

' EL INMENSO SILENCIO A mi buen padre Regresaba de estar con mi padre en sus últimos momentos. Me había esperado, no sé cuán...