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domingo, 20 de junio de 2010

LAS MULTIPLES LECTURAS DE UNA NOVELA




Por Alejandro Lorenzo


                                                                                                                                                                                
El Lector publicada en 1995 es una novela escrita por el alemán Bernhard Schlink y tras el éxito del films fue reeditada recientemente al español por Vintage una división de la editorial Random Hause.
Con ella nuevamente nos encontramos frente a un libro concerniente al horror que se desprende de las utopías. En este caso, la utopía del Nacional Socialismo bajo el mando de su líder absoluto Adolfo Hitler, que arrastró, comprometió, e hipnotizó, a una considerable, para no decir totalidad, del pueblo Alemán, y que con su consolidación en el poder, desencadenó primero, el sometimiento a buena cantidad de naciones del planeta, y en su expansión, provocó el inicio de la sangrienta Segunda Guerra Mundial que finaliza con la derrota del régimen nazi por parte de los aliados: Estados Unidos, Gran Bretaña y Unión Soviética.
La novela se divide en tres partes. La primera, el personaje principal, Michael Berg, cuenta de su relación amorosa secreta con la cobradora de tranvía Hanna Schmitz, que se establece cuando él tiene 15 y ella 36 años y que se ve marcada sobre todo por las largas sesiones de lectura en voz alta que Michael realiza para Hanna.
En esta primera parte, el lector llega a creer que se trata de un idilio prohibido, sin graves consecuencias. Solamente algunas referencias del modo en que la misteriosa Hanna trata al adolescente, hace sospechar que detrás de esa mujer y su desigual relación con el muchacho, se esconde una historia siniestra.
Un día, Hanna desaparece sin deja huella.
La segunda parte, que viene siendo el nudo fundamental de la narración, es cuando el joven talentoso Michael estudia leyes y recibe la tarea de observar juicios contra criminales de guerra. y nuevamente se vuelve a encontrar con Hanna, que resulta ser una de un grupo de antiguas guardias del campo de concentración de Auschwitz, que son juzgadas como presuntas responsables de la muerte de un grupo de prisioneras, justo en los días del desmantelamiento del mencionado campo de concentración y de la desbandada de las tropas alemanas por el avance de los aliados.
Durante el juicio Michael descubre que Hanna es analfabeta y por vergüenza de aceptarlo, resulta condenada como la principal responsable de aquella masacre.
Pero es aquí donde el lector se encuentra con varias lecturas y cuestionamientos. El protagonista expone que al amar y al mismo tiempo condenar a una criminal de guerra como era Hanna, se establecía también un contradictorio sentimiento de amor y repulsión.
Si la mayoría de los alemanes unos más comprometidos que otros, jugaron un rol dentro de aquel régimen, ¿de qué forma, él y los de su generación, podían establecer un arreglo conciliatorio a la hora de juzgar a la generación de sus predecesores?
Los que han sufrido en el mundo dictaduras que se han prologando por cuatro o cinco o más décadas, la novela El Lector provoca otra especulación histórica escalofriante.
¿Qué hubiera ocurrido si Adolfo Hitler no rompe el tratado Ribbentrop-Molotov y no lanza la descabellada invasión al vasto territorio soviético, que sus altos oficiales le pidieron rotundamente que no hiciera?
Posiblemente el Tercer Reich no hubiera sido derrotado en su totalidad y no se sabe por cuanto tiempo su poder y su ideología habrían quedado indemnes.
Entonces si lo hipotético se transfigurara en un hecho real ¿Acaso el joven protagonista de la novela y la mayoría de su generación, no hubieran jugado un papel importante dentro de aquella dictadura salvada por la sensatez de sus estrategas?
¿Y la hermosa amante Hanna en lugar de terminar el resto de su vida en la cárcel, no gozaría en la vejez de una decente jubilación por su larga y esmerada labor en los campos de exterminios?
El otro aspecto algo polémico e inconsistente desde el ángulo de la verdad histórica, es el desmedido complejo de analfabeta que padece Hanna, y que el escritor veladamente lo utiliza através de Michael, para hasta cierto punto eximirla de culpa por haber participado de las atrocidades de la maquinaria nazi.
Cabe preguntarse si esa vergüenza de no reconocer que es una analfabeta responde también a una reacción de amor propio que linda con la soberbia, ya que para la conciencia colectiva en la época de la Alemania del Führer, era inconcebible y bochornoso que un alemán, fuese hombre o mujer, perteneciente a la raza aria, supuestamente el resumen humano de superioridad y perfección, resultara ser una iletrada, capaz incluso de salvar por un tiempo algunas prisioneras de ser ejecutadas en las cámaras de gas, para que estas, en su aposento, hicieran el trabajo de leerle en voz alta. El mismo recurso que en los primeros años de la posguerra utiliza con el adolescente Michael
La tercera y última parte del libro trata acerca del desenlace entre Michael y Hanna. Michael con 41 años, divorciado, padre de una niña, y con una lista de relaciones truncadas debido en parte a los traumas emocionales provocados por aquella relación y sin adoptar más contacto con ella durante su encarcelamiento, le envía paquetes postales con grabaciones de libros. Esta práctica, finalmente incita a Hanna a aprender a leer y escribir. Cuando Michael por medio de la directora del penal se entera de que Hanna será indultada, decide finalmente visitarla al penal y se encuentra con una mujer acabada física y mentalmente. En dicho último encuentro Hanna ha leído buena cantidad de publicaciones concernientes al Holocausto y le confiesa a Michael que esas victimas la visitan cada día. Michael se compromete a buscarle vivienda y trabajo. Sin embargo, Hanna se suicida el día antes de su liberación.
Hanna deja como heredera de sus ahorros a una de las únicas sobrevivientes del campo de concentración del cual ella había sido guardiana y encarga a Michael para entregárselo, sin embargo cuando Michael visita a la mujer en New York, ésta rehúsa recibir el dinero por considerar que sería otorgar el perdón a Hanna.
De esta manera, Michael dona el dinero a una organización filantrópica judía a nombre de Hanna que combate al analfabetismo entre los adultos,
La novela recibió críticas en su mayoría favorables, posiblemente por su estilo preciso, reflexivo, intimista y la original forma de tratar bajo un tono humanamente compasivo ese trágico pasado de Alemania
Sin embargo otros expertos opinan que en la novela hay cierta dulcificación y simpleza acerca de la conducta y la mentalidad de los criminales nazis y hasta llega acusar al autor de incurrir en la falsificación histórica.
Luego de leer El Lector, no queda otra opción que recomendarle al lector exigente y amante de una visión histórica abarcadora, llenarse de valor y leer, si es que puede llegar hasta el final, el impresionante oratorio en 11 actos de La Indagación Editorial española Circulo de Lectores, del novelista y dramaturgo húngaro alemán Peter Weiss, que avalado con testimonios y documentos reales, narra los procesos de Nuremberg y demuestra de qué forma una utopía es capaz de convertir al hombre en un monstruo.

jueves, 10 de junio de 2010

El redescubrimiento del maestro Jesus de Armas.

Jesús de Armas Gonzáles


Cronología de un Maestro de la pintura cubana contemporánea. Publicado en el El Nueva Herald hace 9 años. En hora buena.


Por Alejandro Lorenzo




Un redescubrimiento de un gran artista siempre es un acto de justicia. Varios, de un mismo artista, resulta un acontecimiento legendario en la historia del arte. Ahora en Paris se ha empezado a ejecutar otro redescubrimiento a Jesús de Armas González, gracias a familiares, amigos y admiradores, que han construido una magnifica web oficial y preparan un catalogo razonado sobre su trayectoria artística e intelectual.
Jesús de Armas nació el 8 de septiembre de 1934 en San Antonio de los Baños, Cuba, y murió el 20 de mayo de 2002 en Afortville una ciudad en las afueras de Paris, Francia.
Sorprendentemente poco se sabe de éste pintor en Estados Unidos y especialmente en Miami, ciudad donde convergen curadores, coleccionistas y mercaderes de todo tipo, adiestrados en el trasiego de las artes plásticas cubanas.
A mediados de los 60 Jesús de Armas Gonzáles arrojaba bobinas de papel y pintaba sobre ellas en los corredores de una mueblería convertida en atelier colectivo. (Belascoain y Neptuno). Era incasable, vehemente. La reiteración de lo efímero, adiestra. Arte gestual, con mucha influencia de Jackson Pollock y del español, Antonio Saura. Cabezas, torsos. Blanco sobre negro, quizás en algunos trabajos, sepia sobre blanco. Ahorro extremo del color y mucho dolor manifiesto. Lo que muy pocos conocían por aquella fecha, de que un mundo mágico, simbolista, estaba incubándose muy dentro de aquel pintor.
Es necesario precisar que por esa etapa Jesús de Armas no era un desconocido en el ámbito cultural, su firma en el género humorístico ya figuraba en casi todas las revistas y periódicos de la era republicana.
Un año antes del triunfo de la revolución regresó a Cuba luego de trabajar y estudiar en la meca del dibujo animado, Hollywood. Con la ilusión de hacer animados de vanguardia, ingresó en el recién creado Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica ICAIC y fue fundador y primer director del departamento de dibujos animados de dicho organismo. El Maná (1960) fue su primer corto y también el primero de ese género producido en Cuba.
Pero esos proyectos innovadores, unido a su personalidad rebelde, polémica, chocaron rápido con los cánones establecidos por los principales comisarios culturales de un gobierno que para esa fecha ya había propinado las primeras andanadas contra aquellos creadores considerados fuera del carril oficial.
Posiblemente derivado de uno de sus últimos cortometrajes Un hombre y un chivo (1966) Sátira en que un campesino trata de mover a un chivo, y descubre al fin que la testarudez y la fuerza bruta, no son el mejor camino para hacer avanzar las cosas, se retira o lo expulsan del ICAIC.
En el Salón de Arte Plástica celebrado en el 1970 en el Museo de Bellas Arte de la Habana, Jesús de Armas debuta con esa recreación grafica del reino aborigen Cemi, y da a conocer el resultado de sus múltiples incursiones por cavernas y asentamientos de los Tainos y Siboneyes.
Se abre otra ventana en el multidisciplinario andamiaje de la cultura cubana. Si Wilfredo Lam y Roberto Diago y más tarde, Manuel Mendive, basaron sus obras en el sincretismo afrocubano, Jesús de Armas procedía con las huellas dejadas por los primeros habitantes de Cuba.
El Salón 70 representó el salto cualitativo y también la ruptura con aquella etapa de experimentación y búsqueda, y la consolidación de un lenguaje propio que lo identificaría y lo consagraría internacionalmente al ser descubierto quince años más tarde por la investigadora Anne Tronche, cuando efectuó una visita de trabajo a la Habana y desempeñaba las funciones de Delegada de Artes Plásticas para America Latina del Ministerio de Cultura de Francia.
Corría el 1985 y en el Museo de Bella Artes se celebraba el anual salón nacional de artes plásticas de la Unión de Escritores y Artista de Cuba, donde Jesús de Armas mostraba una serie de piezas antológicas. Anne Tronche pasó revista a las obras allí expuestas y consideró que de todas las que había contemplado, las de Jesús de Armas le parecían excepcionales. Cuando la funcionaria francesa les preguntó a los homólogos cubanos donde podía contactar personalmente al pintor, estos hicieron todo lo posible para que no se produjera dicho encuentro. ¿Por qué esta conducta mezquina contra este artista?
En Cuba el pintor Nicolás H Lara, ahora radicado en Nueva York, poseía una hipótesis fatalista que proporcionaría una respuesta a esta pregunta. Según él, el Poder, cualquier poder, en cualquier sociedad y bajo cualquier sistema político, eligen, enaltecen, levantan a la gloria, a unos artistas que ellos consideran patrimoniales, en dicha selección no hay parámetros establecidos, como no existen cuando el Poder decide dejar a otros en el desamparo absoluto. Al parecer Jesús de Armas clasificaba como uno de esos últimos.
Gracias a un celador del Museo, que le proporcionó la dirección del humilde apartamento donde residía el artista, Anne Tronche pudo finalmente conocerlo.
¿Qué descubrió ese día Anne Tronche en cada pieza que Jesús de Armas una a una le fue mostrando? Que el artista sostenía una narración sintetizada, dramática, de la confrontación entre dos mundos, el de los conquistadores europeos, los llamados civilizadores y el de los indios cubanos, los menos evolucionados en ese extenso continente nombrado primero, el Nuevo Mundo y posterior America.
Se dio cuenta que aquel artista no era un frío compilador de imágenes a manera de grafiti rupestre que realizaron antes y en plena conquista los aborígenes, que de Armas encarnó en sus trabajos el espíritu de ellos, creía ser uno de ellos, veía el entorno, la cosmovisión ancestral , como si formara parte suya. Que su versatilidad obligaba a cualquier estudioso a tomar en cuenta otras asignaturas, porque Jesús de Armas además de pintor, fue también Espeleólogo, Antropólogo, Arqueólogo, y teórico de la estética.
Su pasión por el tema indo cubano era tal, que hasta hubiera arrastrado a su compañera Gilda Alfonso, a vivir permanente en el caserío de La Caridad de Los Indios en lo más recóndito de la Sierra Maestra en el oriente de Cuba, que según el pintor, era una de las pocas comunidades donde todavía vivían descendientes directos de los Tainos.









En el 1986 Anne Tronche escribe un extenso articulo titulado Jesús de Armas Signos de Cuba en la prestigiosa revista de Arte Opus Internacional Primavera .No 101 y el pintor que firmaba sus cuadros con el nombre de la calle donde vivía, Aguadulce, como si la misma fuera el centro del mundo, con aquel artículo, veía que se acercaba en su propio país el final de varias décadas de marginalidad.
En el 1989 el Ministerio de Cultura de Francia lo invita a la exposición colectiva de grabados en el Gran Palacio de Paris en conmemoración a los 200 años de la Revolución Francesa, junto a un grupo de artistas de renombre internacional.
Gran revuelo y sorpresa para los que encausaban en aquellos años la política cultural oficial, un desatino equivalente al que ocurrió con el caso del también esquinado pintor Tomas Sánchez cuando gana el XX premio internacional de dibujo Joan Miró 1980 o una década después, el famoso músico y compositor norteamericano Ry Cooder, otro extranjero, rescataría del olvido al grupo de músicos que integrarían la celebre agrupación Buenavista Social Club.
En el Taller de Serigrafía Rene Portocarrero se edita Guatahuba anunciando la tormenta y con aquella serigrafía, el pintor inelegible viaja a Paris y participa en dicho evento.




De regreso a Cuba, Jesús de Armas emprende una carrera contra reloj, debe pintar y dibujar intensamente porque ha sido invitado por La Casa de America Latina, en Paris, para una retrospectiva de su obra. Son años colmados de tensiones, terrores y desgaste emocional, en parte, producto de las regulaciones y trabazones migratorias que acostumbra a practicar contra sus ciudadanos la ineficaz burocracia gubernamental cubana.
Finalmente las autoridades le permiten marchar a Francia junto a su esposa y su hijo, y se efectúa la exhibición Carbonadas neo-tainas, donde el publico francés se enfrenta a una figuración inédita por lo misterioso de un mundo donde interaccionaban criaturas amenazantes, amenazadas, jinetes mitad humanos, mitad bestias, fálicos, que algunos chorreaban sangre y otros aspiraban y despedían humo cuando utilizaban con fines alucinógenos en sus rituales, las hojas del Tabaco. Un público occidental que entraba conmovido en un reino donde era difícil deslindar lo verosímil o inverosímil que dibujaron los aborígenes en su tiempo real, de lo que plasmó el pintor en sus lienzos. Aquella muestra se volvía un territorio despojado de la frivolidad folklorista y la visión complaciente que otros artistas cubanos concibieron únicamente para agradar a un sector de la sociedad, incapaz de enfrentarse al testimonio de una población autóctona, en el proceso in situ de su bárbaro genocidio.
En 1992 Jesús de Armas, según Anne Tronche, el pintor del neoexpresionismo mágico, con seguridad decidió dramáticamente no volver a su tierra.




Esta semblanza intenta demostrar que los grandes maestros no pasan al olvido, pueden que por un tiempo estén congelados en las oscuras despensas de la historia, que gobiernos y ministerios, por razones ajenas a la creación, traten de borrarlos, e incluso, que sus discípulos los oculten deliberadamente para no aparecer ante el público como burdos imitadores de su arte.
Los grandes maestros por medio de sus obras, sean muchas o pocas, estén o no cotizadas en el mercado, regresan no se sabe por qué misteriosos caminos. La luz que originaron, sobrepasa las fronteras, un día cualquiera nos despiertan y ante su inmensidad, de nuevo alcanzan a deslumbrarnos.

martes, 1 de junio de 2010

Algo sobre Los Cuentos de Mateo

Jornadas de Mateo: poesía y dibujo del ser




Por MADELINE CAMARA

El Nuevo Herald



¿Estamos ante un pintor de la palabra o un poeta del dibujo? El lector de Jornadas de Mateo (Los Angeles, 2004) tendrá que buscar su propia respuesta. Gracias a Pureplay Press, impulsada por David Landau, se crea un espacio nuevo para la publicación de textos, en español e inglés, de autores cubanos residentes en el exilio.

La poesía de Nestor Díaz de Villegas ya nos fue entregada en esmerada edición, se espera pronto la narrativa de Carlos Victoria, ahora este texto de Alejandro Lorenzo, se suma a los bien escogidos materiales que Landau decide ofrecer a un público bilingüe. Muy en especial, en esta oportunidad es de alabar el cuidado puesto en el libro como objeto. Las ilustraciones, la calidad del papel y la portada, todo ello esta al servicio de la belleza de este cuaderno.
Al leerlo, viene a la mente El principito, de Saint-Exupéry. De igual modo, estas páginas sugieren dejarnos llevar por una lógica más sencilla sobre la vida, más humana también. Por eso, cuando el libro se refiere a su lector como aquel de 12 años en adelante, en realidad, invita a despertar en nosotros la infancia del ser humano, su vocación de inocencia. El viaje al pasado que convoca Lorenzo, a la manera poética de Exupéry, es una utopía futurista.
Insisto entonces en la palabra poesía en vez de narrativa, aunque Mateo nos cuenta una historia llena de sencillas y significativas peripecias, como en los cuentos folclóricos, esas leyendas sobre las almas de los pueblos. Encontramos también el motivo del viaje, pero más que dirigirse este hacia el auto conocimiento o la libertad del individuo, como suele presentarse en la narrativa moderna, el libro marca la ruta que nos lleva a conocer al Otro, a abrazarlo. Mateo sigue a la tradición literaria que en Occidente remontamos a la Biblia y, en el suave tono de Lorenzo, sin moralismo, se nos enseña como vivir, como ser mejores. Quizás de ese espíritu proviene el nombre de su protagonista, el más modesto y lúcido de los evangelistas.
Desplegado en cuatro jornadas;¿acaso otro número simbólico? El viaje de Mateo se divide en viñetas tituladas: La flor en la cabeza, El farolero, La comarca de los hombres pequeños, y El niño que se convirtió en pájaro. Me atrevo a sintetizar significados, diciendo que la primera habla del riesgo de ser diferentes; la segunda, del sacrificio que no clama reconocimiento, la tercera, de la peor de las ignorancias: la fe en los ideólogos; la cuarta, de los beneficios de la tolerancia.
Todas rezuman universalismo, intemporalidad, pero en la primera y la tercera sentimos un doble mensaje político más obvio. Alejandro Lorenzo, padre de Mateo, hace sufrir a su criatura las penas del desarraigo, la desconfianza, los falsos mesías que no son ajenas a tantos cubanos.
Estas jornadas son testimonio de la estética de este artista, que entre Miami y San Francisco ha luchado por defender un estilo y un mensaje que hoy cifra en su plena madurez como pintor y escritor. Las ilustraciones del texto recordarán al lector la rusticidad del grabado medieval; la historia contada, como ya dije, también vuelve sobre las antiguas maneras de un decir enseñando. Imágenes y metáfora sencillas en su trazo, pero que despiertan una mirada y una lectura profunda, puesto que alude a lo conmovedoramente ingenuo que puede ser, volver a ser, el ser humano.

El Inmenso Silencio

' EL INMENSO SILENCIO A mi buen padre Regresaba de estar con mi padre en sus últimos momentos. Me había esperado, no sé cuán...