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martes, 11 de diciembre de 2012

ENTREVISTA a TOMAS SÁNCHEZ



PRIMERA PARTE

TOMAS SÁNCHEZ: DEL CLAMOR EXPRESIONISTA A LA VASTEDAD DE LA NATURALEZA

Por Alejandro Lorenzo.



























Tomas Sánchez se ha convertido en el pintor cubano más cotizado de nuestro tiempo. Pero ese éxito en su carrera, ni encontrarse insertado en el cosmopolita círculo de las multinacionales de la cultura, lo han despojado de su sencillez. Cuando uno se encuentra con Tomas Sánchez da la impresión de un hombre que todavía vive en el pueblito de Aguada de Pasajeros, provincia de Las Villas, donde nació en1948.

En su personalidad prevalece mucho de lo que pensamos se había extraviado en el hombre contemporáneo: una bondad ilimitada, una capacidad de reconciliación y tolerancia hacia el prójimo, e incluso, hacia aquellos que en su momento lo dañaron.

Infatigable creador, Tomas Sánchez, comparte su vida entre la glamurosa ciudad de Miami, Costa Rica y su natal Cuba, donde, cada cierto tiempo visita a familiares y amigos.

El Nuevo Herald aprovecha su breve estancia en Miami donde participa en la exposición colectiva de fotografía titulada Segunda Naturaleza auspiciada por la galería Jorge M Sori, para hacerle algunas preguntas acerca de su obra y de su vida como creador.




El Nuevo Herald- Existe un periodo expresionistas en tu pintura que es casi desconocido por el gran público. ¿Puedes hablarnos de aquella corriente creativa?

TS- Cuando estudiaba en la década de los 60 en la Academia de Arte San Alejandro era un paisajista bastante mimado por mis profesores, gane incluso premios. Ya en segundo año me encontraba algo insatisfecho porque me enseñaban cosas que ya sabia, y es cuando decido terminar la carrera en la Escuela Nacional de Arte, donde tengo como profesora a la excepcional Antonia Eiriz. Y siempre cito cuando me preguntan: En San Alejandro me enseñaban la técnica de pintar, pero Antonia Eiríz me enseñó a ver.




Bajo la influencia de Eiriz y de Servando Cabrera Moreno, que en esos años también hacia una pintura expresionista, muy visceral, luego en los 70 se volvió algo lamida, dulce, se podría decir, es cuando comienza mi interés por el expresionismo. Descubro la pintura de Francis Bacon, a El Bosco, a Goya.
Empecé hacer esa pintura que considero muy emocional. Venían a mi mente imágenes de la niñez en mi pueblo, especialmente de lo que ocurría a principio de la revolución, donde todo se volvió caótico. Recuerdo que me sentaba frente al lienzo, la cartulina o la piedra litográfica, cerraba los ojos y comenzaba hacer garabatos como si
fuera Action Painting, así surgían figuras y escenas improvisadas que luego elaboraba.
Pero quiero aclarar que en ese periodo nunca abandoné el paisaje, de lunes a viernes hacia esos cuadros expresionistas, y los fines de semanas me iba a las afueras hacer paisajes.

El Nuevo Herald- Había algo de grotesco en aquella figuración.

Tomas Sánchez- Si eran grotescos, pero también representaban una burla, porque yo me burlaba de todo. Viéndolo en retrospectiva, aunque tenía esperanzas en aquella revolución, por proceder de una familia de extracción muy humilde, también reflejaba cosas que no me gustaban de aquel proceso. Yo sentía que me evadía de lo que estaba pasando, y en aquellos tiempos decir o reflejar mediante la creación que uno se evadía de aquella realidad, era como una bomba.

Por ejemplo: Respetaba la figura de Jesús, pero utilizaba esa figura sacra para trasmitir mensajes, lo metía dentro de un gallinero, y las gallinas representaban a esa gente que en su momento le dio la espalda a la religión.

El Nuevo Herald –Coincide toda aquella pintura con el comienzo de una de las tantas etapas siniestras del largo proceso cubano, acuñado actualmente por el propio gobierno como quinquenio gris y el cual como muchos intelectuales también fuiste victima.

Tomas Sánchez- Si la palabra victima es correcta, porque no fui un opositor ni nada parecido, y lo peor, es que toda aquella obra prácticamente fue destruida. Como no tenia suficiente espacio para pintar, la mayoría de aquellos cuadros se encontraban en las aulas de la Escuela Nacional de Arte donde trabaja como profesor, cuando me expulsan de la escuela, los veladores de la ortodoxia ideológica, ordenaron a los alumnos que taparan todos aquellos cuadros, algunos hasta de tres metros, e incluso hasta las piedras litográficas fueron destruidas,
Siempre debo mencionar el gesto meritorio de Rafael Cáceres, pintor cienfueguero, que siendo alumno de la escuela, le dieron uno de esos cuadros para que lo tapara, y él se negó, sustrayéndolo de la escuela y guardándolo en su casa. En 1981 cuando ya había ganado el premio Joan Miro, y participaba como jurado en un concurso de paisaje que se celebraba en Cienfuegos, Cáceres me dijo que había salvado aquella pieza y me la devolvió, siendo esta una de las pocas que conservo en mi colección.

El Nuevo Herald Muchos críticos y especialistas de las artes visuales consideran que proporcionaste una nueva dimensión conceptualista al paisajismo, escuela que ya en el siglo XX parecía haberse agotado. Otros opinan que el paisaje que realizas, incluyendo los basureros, son propuestas ecologista. Lo que si es demostrable que del bullicio del expresionismo figurativo, pasaste a reflejar el silencio sacro de la naturaleza en toda su magnitud.




Tomas Sánchez- Hay una transición que fue de dos años, del expresionismo al paisaje. Aquellos personajes se movían en un espacio compuesto por montañas, palmeras, nubes, y ese espacio fue cobrando fuerza. Pero el mayor aporte a esa transformación, fue que en 1970 se inician mis primeras experiencias de meditación, empiezo a experimentar expansiones de conciencia, y esas experiencias conducen a que volviera a pintar la naturaleza con otra óptica muy diferente a mi etapa de estudiante en San Alejandro. Aquellos cuadros ya eran reflejo de estados interiores.


Con referencia a la ecología la gente trata este tema de una forma intelectual y eso es correcto, pero hay una experiencia que transforma también a un individuo en tener una conciencia ecologista. Y es cuando se llega a la conclusión de que todo esta en uno, que hay una unidad indivisible en todo lo que existe y que todo lo que existe viene también de uno, en ese Todo, uno vislumbra que el cuerpo, la mente, forman parte de una energía única y si daño a la naturaleza me hago daño.
Se despierta así una necesidad de proteger y al mismo tiempo entender todo lo que existe, y la vida se convierte en un amor por todo lo que existe.



Los basureros que pinto tienen otra forma de interpretación, hay muchas cosas que pueden ser basureros, y como considero que pinto estados de la mente, la contaminación puede ser externa y al mismo tiempo interna. Si no estamos en paz, si nos encontramos llenos de odios, envidias, ambiciones desmedidas, la mente se vuelve un paisaje lleno de basura.
Los seres humanos nos sentimos incompletos, conozco a una persona que posee 80 casas en muchas regiones bellísimas del mundo y posiblemente a este hombre no le alcance su vida para residir y disfruta algunas de esas casas. Es el prototipo de persona que entre más compra y más consume, más desperdicio tira al mundo..

El Nuevo Herald- ¿Qué puedes decirnos de estos últimos años y tus nuevos proyectos?

Tomas Sánchez -Hace 3 años me dio un infarto y me recupere, los cardiólogos están todavía asombrados, subo montañas, incluso me siento más activo que antes, fue un renacer donde se incremento la energía creativa. Me di cuenta que tenia muchas cosas por experimentar. Antes, yo decía, quiero hacer esto pero no lo puedo hacer porque no esta en mi línea de trabajo y además tengo compromisos que cumplir. Ahora trabajo por el placer de hacerlo, estoy dejando fluir todo lo que se me ocurra. Escribo sin pretensiones de ser escritor, hago arte objeto, diseños joyas, hago fotografía que he exhibido en Miami y en Panamá, para el próximo año, en New York, Marlborough Gallery con la cual tengo contrato, hará una retrospectiva de toda mi obra. En fin, estoy moviendo en muchas direcciones y a veces pienso que tengo más proyectos que tiempo.



martes, 19 de junio de 2012



ESTEBAN LUIS CARDENAS: POETA DE UNA LARGA NOCHE.



Por Alejandro Lorenzo.



El viernes 4 de mayo en la tertulia La Otra Esquina de la Palabra, se le rindió tributo al poeta y narrador Esteban Luis Cárdenas Junquera, nacido en Ciego de Ávila, Cuba, 1945 y que en el 1978 fue condenado a 15 años de prisión por intentar asilarse en la embajada argentina en La Habana; indultado al año siguiente, salió de Cuba y residió en Miami hasta su fallecimiento, aun no aclarado del todo, en los primeros días de agosto del 2010.
En esa velada, los que lo conocieron en la Isla lo recordó en su constante transgresión a los cánones oficiales que fueron estrangulando a él mismo y a los intelectuales de su generación.
Vino a la memoria un hombre culto, lucido, polémico, entre los integrantes de aquel grupo de escritores emergentes que cada noche en los años 70 se reunía en el parque de Calzada y K frente a la Funeraria Rivero.

A la hora de analizar la breve producción literaria de Cardenas, se debe tener en cuenta que fue escrita o reconstruida en el exilio. Todo ese activismo de rebeldía política de la etapa cubana, no se trasladó, por suerte, a su obra, factor que lo convierte en un escritor con una holgura estética y universal.

Si partimos de su libro emblemático Canto de Centinela, publicado por la Editorial La Torre de Papel (1993), sus versos se entretejen desde la intimidad. Hay algo maldito en ellos, plagados de verdugos y maleficios, existen imágenes y símbolos provenientes de inexplicables zonas ancestrales. La muerte, siempre la muerte, se torna ensalzada y hasta redentora.Habita en estas letras esmeradamente elaboradas, mucha herencia del poeta Charles Baudelaire, una frialdad de mármol de la torcida escritura kafkiana, un enlace con la elaboración críptica de los versos del reverenciado Lezama.


Presentación del Libro Canto del Centinela 1994 a cargo de Orlando Aloma. A la izquierda Carlos Diaz Barrios  editor de La Torre de Papel y el autor de de este articulo.  Ciudad de Miami

Al leer esta poesía, se llegaría a la conclusión de que Cardenas fue un hombre desde muy temprano atrapado en los túneles de una hermética oscuridad. Su poesía esta marcada de forma a veces obsesiva, por esa larga noche amenazante, inexplicable y misteriosa que lo acosaba.

No soy el niño asustadizo, el encantado que se hundía en tu regazo para huir de los brujos y el hechizo… Pero a veces me envuelve un círculo de espanto y las noches se tornan escurridizas, enemigas.

El amor también esta expuesto en un poema dedicado a su mujer y madre de su única hija, fechado en 1973 y que inserta en Canto del Centinela para demostrar, si es que existe algo que demostrar, que dentro de la gruta donde mora el fugitivo, también hay cabida a la exaltación del sujeto amado.

Sobre las rocas, junto a los arenales, persiste la silueta de mi mujer más negra que un hechizo. Persiste como una primicia centellante y se disuelve en la caricia de mis dedos. Alucinación de lo estático /vientre quebrado sobre la suavidad de una medusa.

Para Cardenas, fue una verdadera tragedia la inserción a una sociedad foránea. Conspiraba los prejuicios raciales y el enjuiciamiento de ciertos sectores de la sociedad receptora sobre su procedencia y su personalidad irreverente. Atentaba la ilusoria pretensión de que podía vivir plenamente de la poesía y de las artes, sin ningún titulo académico u oficio que lo avalara y le facilitara el sustento, en una sociedad, además, regida por leyes pragmáticas que nunca ha visto con buenos ojos cualquier conducta o estilo de vida bohemio.
Pero es preciso subrayar que tales conflictos de acoplamiento e inserción, no fue una incidencia ceñida únicamente a él, sino que en mayor o menor intensidad, se refleja en las vidas rotas de buena parte de sus amigos los escritores y artistas que desembarcaron dramáticamente en Key West en 1980 en el éxodo del Mariel, o de los que fueron arribando años posteriores por diferentes vías.
En una ocasión el fallecido narrador Carlos Victoria, amigo muy cercano de Cardenas, con aquella transparencia que lo caracterizaba, confesó:
¨En los primeros años del 80 cuando me vi conduciendo el auto en dirección contraria al express way bajo los efectos del alcohol, comprendí que tenía dos opciones: continuar una vertiginosa carrera hacia el abismo, o consagrarme por entero a terminar mi obra literaria. Elegí por lo segundo¨.


    El autor, Carlos Victoria, Orlando Aloma y Roberto Posada en la libreria Universal. 1995

Al parecer Cardenas no pudo asumir en su totalidad las conclusiones a las cuales había llegado Carlos Victoria. Sin embargo esta demostrado al revisar la historia general del arte y de las letras, que los resultados de una valiosa creación, no se basan en el comportamiento, correcto o no, de los que
la producen.
Lo demuestra los pocos textos, pero excepcionales, escritos por Cardenas, o por el mismo Carlos Victoria plasmado en su gran libro de cuentos La Sombras en la Playa (1992), o la novela El Portero 1989 de Reynaldo Arenas, todas concebidas, reordenadas, o reconstruidas, en medio de aquel periodo de reajuste, con sus cuotas de sufrimiento, desenfreno y frustración, y en esa época turbulenta del Miami de los 80, reflejada, quizás de forma esquemática, en el films Scarface (1983) de Brian De Palma.
Posiblemente para justificar la bajada a los submundos sórdidos, encuadrándose en el típico hombre alcanzado dramáticamente por las adicciones, ante sus amigos y admiradores que en creces lo apoyaron en todo momento, Cardenas comparaba y hacia suya, la biografías de innumerables escritores que en su tiempo fueron considerados malditos.
¿Acaso el genial Arthur Rimbaud, luego de escribir muy joven Una temporada en el infierno e Iluminaciones, piezas ampliamente reconocidas como trascendentales del simbolismo y referenciales de la literatura moderna, no terminó sus últimos años de su vida en Harar, actual Etiopía, como un aventurero traficante de armas?
Dos gravísimos accidentes, (el primero en los primeros años del 80, y el segundo en el 92) y tras largos tratamientos de rehabilitación, convierten a Cardenas en un incapacitado que habita en apartamentos paupérrimos de los barrios pobres del gran Miami, o en residente permanente de algún que otro Boarding Home, que inmortalizó su otro compañero generacional, el escritor Guillermo Rosales, en la magistral novela de apenas cien paginas, ganadora en 1987 del premio Letras de Oro.


    El autor junto a Esteban Luis Cardenas un año depues de su segundo accidente.

Desde esos escondrijos donde a veces había que ir a rescatarlo, por temor que muriera por inanición, Cardenas desvelaba el curso de la vida y trasmitía sus percepciones.
Y aquí se hunden también las luces sobre las grandes avenidas y el gemido de los coches. Yo, un poco cansado y viejo, entro siempre en mi cuarto (bestia domesticada), me arrebujo en el lecho y espero, sin palabras, la brutal simulación de la mañana.
Del Poema Apuntes de una carta, del libro Canto de Centinela.
En el segundo poemario Magic City ( Editorial Deleatur, 1997) existe un acercamiento significativo hacia la realidad circundante, con un valor sustentado en la equidistancia propia del observador pasivo e inmutable y agregando una síntesis de alta precisión, que remite al lector a esos antiquísimos Tankas y Haiku provenientes de la poesía oriental.
Un poeta repleto de limosnas sonríe ante las brumas del rio. En una sugestión mira a los barcos sobre las aguas, en busca de ciudades. Luego, con humildad, cuenta sus limosnas y piensa en Altamirano, en los carruajes griegos y en la frondosidad de África. Vuelve a levantar los ojos.
El rio continúa brumoso y apacible.
No se puede pasar por alto, el cuento Un café exquisito que encabeza su libro de narrativa (Ediciones Universal, 2001) que lo consagra como un autor importante dentro de la literatura contemporánea, y que demuestra, con prosa diáfana y estilo directo, ser un fiel heredero de Ernest Hemingway y de su magistral relato The Killers publicado en1927
La escalofriante naturalidad con que Cardena narra en primera persona un ajuste de cuenta a un narcotraficante dentro de una casa de unos amigos que visita casualmente para tomar una taza de café cubano, siempre hizo pensar a lectores allegados, si fue una experiencia real en sus incursiones por los bajos fondos, o se trataba de una descarnada pura ficción. Cuando se le preguntaba al respecto, Cardenas les respondia a los proclives a escandalizarse de que era una invención estrictamente literaria y a otros menos prejuiciados, que dadas las circunstancias acaecidas en la década de los 80, era posible que aquella narración fuera un testimonio tomado de la realidad.
Pero se puede agregar que Cardenas pudo haber tomado, para este conmovedor relato y como argumento a su azarosa vida , la máxima del teólogo San Agustín, de que no se logra comprender del todo el pecado y a los pecadores, sin llegar al menos una ves en la vida, haber pecado.

miércoles, 4 de abril de 2012

 





ROGELIO FABIO HURTADO: POETA DE LA RECONCILIACIÓN.
Por Alejandro Lorenzo.

En ese espacio literario que promueve Joaquín Gálvez nombrado La Otra Esquina de las palabras, en el Café Demetrio, se presentó la noche del viernes 31 de abril, el poeta y periodista independiente Rogelio Fabio Hurtado nacido en la Habana el 22 de Junio de 1946, de visita familiar por cuarta ocasión en Estados Unidos.

Este escritor que no ha ganado premios importantes internacionales y las grandes editoriales extranjeras no saben tan siquiera que existe, y que hasta ahora no pertenece a ninguna institución cultural en Cuba, resulta una figura que provoca ciertas reflexiones en torno a lo que denominan algunos académicos y especialistas norteamericanos como un intelectual outsider, que traducido, sería un creador al margen , uno fuera del gran juego de las altas esferas de la cultura, alguien atrapado en largos silencios voluntarios o involuntarios, uno casi invisible.

La diferencia insondable en el caso de Rogelio Fabio Hurtado en torno al concepto autsider o marginado, es que no responde a una incapacidad física o mental que le impida normalmente interactuar socialmente como creador en el país en que vive, más bien ese estado parcialmente de relegación responde a una metodología represiva que cualquier estado con características totalitarias impone a muchos de sus artistas e intelectuales o a cualquiera que piense diferente o se oponga en mayor o menor medida a los cánones políticos y culturales establecidos por el Estado y el poder central.

Rogelio Fabio Hurtado ha batallado para no ser un poeta y escritor excluido, y en esa lucha, se le ha ido parte de su vida, pero también con una tenacidad y sin hacer concesiones , ha ganado espacios de participación dentro del ámbito cultural y político dentro y fuera de Cuba. Y sobre todo ha ganado una irreprochable conducta humana.
Como todo creador ha tenido la esperanza de tener un merecido reconocimiento a su obra, y a los valores de pluralidad y reconciliación que defiende, aunque en ciertas etapas de su azarosa vida, también el desánimo se le ha apoderado y haya entrado en la suspicacia de que mientras prevalezca en Cuba el orden imperante, tal reconocimiento nunca llegará a tiempo, y que cuando llegue, puede que sea labor para estudiosos de otras generaciones que quizás nunca conocerá.

Sin embargo, todo este bosquejo tal ves sombrío y desde un punto de vista personal de quien escribe esta reseña acerca de este poeta y su labor literaria, no significa que no tenga un público lector que lo venere, un publico que no le importa que su poesía halla sido publicada en cortas tiradas, y en ediciones casi artesanales por editoriales e instituciones emergentes y a veces efímeras.

La revisión somera de su trayectoria en el ámbito de las letras cubanas, arroja que en 1969 envió un cuaderno de poesía al concurso David convocado por la Unión de Escritores de Cuba donde resultó seleccionado entre los finalistas para una antología titulada Poemas David 69, el premio se le otorgó al joven Raúl Rivero con su cuaderno Papel de Hombre.
Por esa misma época, Hurtado aprovecha la estancia en Cuba del poeta nicaragüense Ernesto Cardenal, para mostrarle su poesía, en su mayoría basada en su experiencia militar en una base de cohetes.

Érase un campamento a dos kilómetros de la Vía Blanca
Donde vivieron más de cien hombres en tres tiendas de lona verde oscura.
Erase una madrugada de guardia cada dos noches. Nuestra ducha fue el rio azul bajo su puente,
Y apenas nos bañábamos en los meses de invierno

Aquella poesía conversacional, de testimonio, le impactó a Cardenal por su relación con la poesía exteriorista que él promovía con ahínco por esa fecha. Al siguiente año cuando Cardenal publica en México el libro de testimonio titulado En Cuba incluye dos poemas de Hurtado: Algunas costumbres de soldados en campaña y 3700 cohetes Canimar Año 64
Sin lugar a duda para Hurtado esos poemas representan mucho, lo demuestra que cuando tiene la oportunidad en cada visita a Miami, incluye uno o dos en sus recitales.
En esta ultima presentación, el Hurra, Hurra de su poema Shelaviekas fechado en noviembre 1984 de su libro premiado en el concurso literario Vitral 2004, resonaron, para asombro de algunos, en el patio del café Demetrio.

Adentrándonos a su recorrido, se suponía que con el respaldo del celebre Ernesto Cardenal, y el reconocimiento en el Premio David, Rogelio Fabio Hurtado empezara un ascenso en su carrera como escritor, pero llegó 1971 y la inauguración de lo que hoy la nomenclatura y sus acólitos nombran con cierta frivolidad o desfachatez, errores del quinquenio gris, y al cual Hurtado nombra en su recién recital, quinquenio negro, que para él y un grupo de escritores y amigos no fueron 5 años, sino décadas de terror, ostracismo, censura, y autocensura.
Son esos años siniestros en que el poeta se une a un grupo de jóvenes escritores y artistas que se congregaban cada noche en el parque de Calzada y K frente a la Funeraria Rivero, y al cual Rogelio Fabio Hurtado en buena parte de su obra le dedica a muchos de ellos un poema, como si se propusiera a inmortalizarlos, como si se empeñara en traer al presente a los que nunca llegaron alcanzar sus sueños, a los anónimos amigos que en mayor o menor medida fueron dañados de forma irreversible por esa rueda trituradora de almas, que como así lo demuestra la historia, ha devorado incluso a los que en su momento la diseñaron o fueron sus cómplices engrasadores.

Son los tiempos en que el sufrimiento y una abrupta, pero afortunadamente pasajera locura, este buen hombre halla un encuentro definitivo con Dios, que resume en ese poema desgarrador titulado Madrugada y publicado por primera ves en Miami en la colección de la editorial La Torre de Papel

En el 1980 tras los sucesos del Mariel, la mayoría de sus más cercanos amigos toman el camino del éxodo, y para colmo, lo expulsan de la Facultad Obrera Campesina del Puerto Pesquero de la Habana donde desempeñaba como maestro de Español, y no le queda otra opción para ganarse la vida que vender flores en la calle, oficio que se prolongó casi por vente años y que lo convirtió, en uno de los primeros de lo que hoy llaman cuenta propista, con una singular modalidad de ser una especie de predicador ambulante de sus ideas, o consejero espiritual de sus clientes, que los esperaban cada mañana para cómprales sus príncipes negros y girasoles para sus santos y sus muertos, y obsequiarle con gratitud por su presencia en sus humildes casas la tradicional tasa de café.

Los que tuvieron la satisfacción de caminar junto a él en esa legendaria venta de flores, puede que se les halla gravado en la memoria aquel pregonar pautado, casi en susurro de: Flores, flores, frescas, por calles y estrechos pasajes de los barrios habaneros de Luyano, Lawton y la Víbora. Y luego de aquella labor vespertina, en la madrugada, en medio del silencio de su casona materna, frente a su gastada maquina Smith Corona, forjaba su poesía, descubría los textos teológicos del monje Thomas Melton, traducía a los poetas rusos victimas del stalinismo y se trasfiguraba para sus íntimos en una inspiradora figura poética.

En el caso de Hurtado el axioma de que el sufrimiento prologando y la soledad pueden truncar la creación, no se ha cumplido. Por su naturaleza ha podido con fluidez fraternizar con todos los segmentos que componen la sociedad cubana contemporanea. Le ha tomado el pulso a esa sociedad desde abajo, mejor que un sociólogo o cubanologo de oficina, Esta experiencia directa y popular han sido sus mejores herramientas que han nutrido parte de su discurso literario y ahora, en la era de la disidencia digital, muy cercano a la bloguera Yoanis Sánchez, para sus crónicas que publica en la pagina web Primavera de Cuba.

Tiene vocación de reconciliador, tanto en el plano político como cultural, con una oferta casi permanente de que todos los cubanos deberían formar una familia que se esfuerce por vivir en armonía a pesar de sus diferencias, de ahí esa paciencia en escuchar a todo tipo de gente, hallarle el lado bueno que tiene el ser humano.

Pero Hurtado especialmente ha establecido un compromiso por rescatar ese pasado específico, sombrío y con forzados silencios que padeció buena parte de su generación. Así este escritor se convierte en alguien que extrae poco a poco y con mucho esmero de la imperceptible gaveta del viejo estante, las reliquias literarias que nunca fueron descubiertas por los gendarmes.

Cada encuentro con Hurtado es pasar escrutinio en el destino de los escritores que ya no están entre nosotros: Esteban Luis Cárdenas, Canto del Centinela (La Torre de Papel, 1994), Leandro Eduardo Campa, y su libro Little Habana Memorial Park (1998), para citar a dos de sus más cercanos compañeros de naufragio. El nos trae con refinado lirismo hasta una oración al mas notable de los vagabundos que deambulaba enloquecido por la calle 23 Mickey Sárraga.


Siempre más andrajoso que ayer, eventualmente dando voces de mando a tropas norteamericanas y soviéticas, o ensimismado, con cierta beatitud en los ojos que brilla bajo el pelo entrecano y las ennegrecidas mejillas sin memoria posible del beso final.

Esa labor de indagación y de tributo, en algo se asemeja a la detallada localización de todos los artistas cubanos dispersos por el mundo realizada por el narrador recientemente fallecido Eliseo Alberto en uno de los capítulos de su valiente novela Informe Contra mi mismo.

Alguien afirma que Hurtado si tuviera suficientes recursos financieros iría aunque fuera por unas horas a la Antártida a encontrase y a compartir con un amigo, sea este un afamado intelectual, como un vendedor de carteritas sintéticas.
R F Hurtado en su segunda visita, junto al desaparecido pintor E Michelson y el  autor. San Francisco CA
Esperó, con sus contradicciones, con sus amores perdidos y sus fantasmas, para salir del oscuro túnel que parecía interminable. Fue una larga espera para que este cronista en versos de la historia no oficial pudiera rencontrarse con su hijo, luego que las autoridades le anularon la prohibición de viajar al exterior. Esperó para rencontrarse con sus amigos de los cuales únicamente sabía por distantes y opacados ecos, esperó décadas hasta noviembre de 1995 para ver impresa parte de su obra cuando obtuvo el premio en el concurso literario Tengo fe en el mejoramiento humano convocado por la conferencia de Obispos Católicos de Cuba con su cuaderno Retorno al Templo

Ven y siéntate, sin ambiciones ni miedo en el callado banco de la iglesia. Ven a compartir tus frágiles decisiones, a curar la impotencia de tus dudas –dejaras las lagunas donde las quiera el silencio-humilde de pensamiento y de obra, ven a ser uno con los débiles que no se justifican.


Quizás por eso en este recital lo presentó su fiel amigo Juan Miguel Espino, narrador y sobreviviente del expedientado grupo de La Funeraria.
Quizás con esa conducta de amor hacia todos, acumulada por tantos años, surge ese hermoso poema fechado en la primavera del 1995 titulado Canción de amigo.

Amigos y amigas, venid esta noche a mi pecho que vela, No me dejéis solo, sentado a mí mesa beberme el pasado. Venid esta noche. Venid y probemos aquel té otra vez, en el grato silencio de la plaza ceñida de azules como una doncella.

El Inmenso Silencio

' EL INMENSO SILENCIO A mi buen padre Regresaba de estar con mi padre en sus últimos momentos. Me había esperado, no sé cuán...