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Mostrando entradas de enero, 2019

Poema al pintor y poeta Nikolas H Von Lara

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A Nikolas Lara, pintor y escritor.

Tal vez algo concluye para alcanzar la fortuna de haber vivido.  Uno resiente la perdida de lo que ama  cuando reconoce el valor que han tenido otros amores.  Uno imagina que es posible postrarse sin rencores en lo que ha quedado de uno mismo. Gracias al de cursar del tiempo  se comienza a forjar un recuento  de lo que se ha dejado atrás.  Se abren las cartas no leídas,  se perdonan las ofensas  que pensábamos que nos mataban. Cuando flexibles se vuelven las ramas  ante el embate de la tormenta  el viejo árbol resiste. No hay que preocuparse. Dejad el inventario a los que vendrán. La garza en el vuelo final no retiene en la memoria  el nido que abandonó en la inhóspita colina.

Carta al maestro Carlos Aurelio.

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Al poeta Carlos A. Díaz Barrios



Hemos arribado tarde a la otra orilla, 
y una nueva bestia ha esperado nuestra llegada.

A nacer volvimos, cuando la mayoría no quería que hubiéramos nacido. El débil y el fuerte, tú y yo, no sabemos afrontar  la abundancia de tanto reino. Ahorcados somos del colosal bullicio  que de tan grande, enmudece. Buscamos verdades en esa raza donde todavía apalean a las muchachas cuando pintan de carmín sus labios.
¿Entonces qué ha quedado de lo que acarreábamos en aquella  travesía? ¿Valió la pena conferir nuestras manos a otra obstinación? Si detener la marcha conlleva infortunios. ¿Prorrogarla hacia dónde nos conduce?
Ningún conjuro vuelve a poner en su sitio lo que aconteció.
Al extraviar el verso se tendrá que escribir otro  aunque la propia sombra sea quien lo lea.  Un hombre que abandonó su casa,    le queda custodiar la barca que lo trajo   y restaurar con sus manos lo poco que aún le pertenece.

El Sacrificio poema en honor a Tarkovsky

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A la memoria del cineasta Andrei Tarkovsky


Transita la noche. El sabio se inclina ante la cruz.  Su mujer duerme y no lo espera a que venga a su lado.  La hija es una piedra  sobre el amplio mapa de las hojas.  El otro descendiente, enmudecido y pequeño,  atraviesa las paredes y como un navegante  busca el carrusel y la luna,  que no son más que cirios encendidos en medio del mar.
El Sabio siente que la humanidad pronto sucumbirá, que al amanecer, no estará sobre la tierra. Que un rayo decapitará cada cabeza y nadie tendrá la suerte de renovar sus cantos.
Hay Silencio en esa residencia, hay silencio y la nada.
Frente a la inmensidad lóbrega que se avecina,   La duda lo cubre, lo transforma, lo hace imperceptible. En esa noche hubiera querido la presencia de la hechicera  que en un juego de ángeles  lo hacia volar por las huellas de su pasado. 
El Sabio implora. "Oh Dios que derribas los muros,  y cuelgas al delator y al delatado en la misma soga. Haz que no se derrame el exterminio que en las escritura…

Todo cae y se acrecienta.

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Todo cae y se acrecienta. Caen los ángeles sin importarle que su caída encarne la inclemencia de nuestras apreciadas ilusiones. Caen sobre los bosques de donde surgió el resplandor que ahora llevan los ciervos.
Caen y no volverán a ser contemplados porque la esencia de cualquier quimera perdura en todo aquello que se disipa. Caen con el propósito de que los hombres no aspiren sentarse a la sombra de sus alas.
Caen porque así cayeron los leones de alabastro que ostentan los reinos para demostrar su poder.
Lo que cae,sin dilación, asciende con otro nombre en un ciclo que preserva y devora.
Con la ascensión se restablece el orden de lo que fue insólito. Se renueva el garabato en cual se ha escrito la historia del mundo. Cobraesplendorla calcinada tierra, Pasta el ganado en los brazos de ciertos dioses.
Al parecer los hombres no pueden estar por mucho tiempo vacíos de ensueños,
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Al narrador colombiano Armando Caicedo
En esas noches amargas, confundo las voces de los amigos que ya no están con el aullido de los perros. Presiento la cercanía del cuervo que calará con el pico los soportes de mi cama. Uno intenta quedar sereno ante desfiguraciones que emanan de la soledad. Pero de pronto aparece una casa a punto del desplome. Sentado sobre el techo, un niño le demanda al cielo que su madre renuncie buscar refugio en la despensa, Ella no ha salido a ver las estrellas, no sabe del pájaro blanco que puntual se posa en el horizonte .
El niño exige con vehemencia que al padre le sea devuelto el ojo y la mano. Ojo para verlo de cerca y mano que le aplaque el espanto. Siempre con la vista fija en las alturas, las piernas balanceándose en el borde de la cornisa, el niño exige recobrar la carta del hermano caído en combate
¿Que habrá escrito bajo el humo de los obuses? ¿Cuál mensaje no logró trasmitir a los que aguardaban su llegada?
El niño no quiere ser la estatua en la glorieta…