Buscar este blog

martes, 15 de enero de 2019

Poema al pintor y poeta Nikolas H Von Lara














A Nikolas Lara, pintor y escritor.


Tal vez algo concluye para alcanzar la fortuna de haber vivido. 
Uno resiente la perdida de lo que ama 
cuando reconoce el valor que han tenido otros amores. 
Uno imagina que es posible postrarse sin rencores
en lo que ha quedado de uno mismo.
Gracias al de cursar del tiempo 
se comienza a forjar un recuento 
de lo que se ha dejado atrás. 
Se abren las cartas no leídas, 
se perdonan las ofensas 
que pensábamos que nos mataban.
Cuando flexibles se vuelven las ramas 
ante el embate de la tormenta 
el viejo árbol resiste.
No hay que preocuparse.
Dejad el inventario a los que vendrán.
La garza en el vuelo final
no retiene en la memoria 
el nido que abandonó en la inhóspita colina.

lunes, 14 de enero de 2019

Carta al maestro Carlos Aurelio.










Al poeta Carlos A. Díaz Barrios



Hemos arribado tarde a la otra orilla, 

y una nueva bestia ha esperado nuestra llegada.


A nacer volvimos, cuando la mayoría
no quería que hubiéramos nacido.
El débil y el fuerte, tú y yo, no sabemos afrontar 
la abundancia de tanto reino.
Ahorcados somos del colosal bullicio 
que de tan grande, enmudece.
Buscamos verdades en esa raza
donde todavía apalean a las muchachas
cuando pintan de carmín sus labios.

¿Entonces qué ha quedado de lo que acarreábamos en aquella  travesía?
¿Valió la pena conferir nuestras manos a otra obstinación?
Si detener la marcha conlleva infortunios.
¿Prorrogarla hacia dónde nos conduce?

Ningún conjuro vuelve a poner en su sitio lo que aconteció.

Al extraviar el verso se tendrá que escribir otro 
aunque la propia sombra sea quien lo lea. 
Un hombre que abandonó su casa,  
 le queda custodiar la barca que lo trajo  
y restaurar con sus manos lo poco que aún le pertenece.


sábado, 12 de enero de 2019

El Sacrificio poema en honor a Tarkovsky










A la memoria del cineasta Andrei Tarkovsky



Transita la noche.
El sabio se inclina ante la cruz. 
Su mujer duerme y no lo espera a que venga a su lado. 
La hija es una piedra 
sobre el amplio mapa de las hojas. 
El otro descendiente, enmudecido y pequeño, 
atraviesa las paredes y como un navegante 
busca el carrusel y la luna, 
que no son más que cirios encendidos en medio del mar.

El Sabio siente que la humanidad pronto sucumbirá,
que al amanecer, no estará sobre la tierra.
Que un rayo decapitará cada cabeza
y nadie tendrá la suerte de renovar sus cantos.

Hay Silencio en esa residencia, hay silencio y la nada.

Frente a la inmensidad lóbrega que se avecina,  
La duda lo cubre, lo transforma, lo hace imperceptible.
En esa noche hubiera querido la presencia de la hechicera 
que en un juego de ángeles 
lo hacia volar por las huellas de su pasado. 

El Sabio implora.
"Oh Dios que derribas los muros, 
y cuelgas al delator y al delatado en la misma soga.
Haz que no se derrame el exterminio que en las escrituras fue prometido.
Tú sabes mejor quien es el culpable 
y quien nació para preservar el verdor de los campos. 
Tú nunca mientes, quizás porque no hablas. 
Colocaste cuidadosamente los caminos que se debían transitar
Y soberbios nunca admitimos que existían.
Por ti he visto como se corrompe la vida 
en el fatuo albor de las ciudades.  
Supe la solidaridad en la celda, 
que es más que el oro y el diamante, 
que es más que puñal y revólver, 
que es más que la estatua cuyos ojos intimidan. 
El mensajero que nunca trajo una buena noticia 
 ahora me entrega las cartas del fin. 
Tú sólo sabes como detener el vuelo de los halcones metálicos,
y a la salida del sol, estemos frente a frente, 
fluyendo sin secretos, ni pavores 
sobre esta roca que gravita entre tus brazos.
Te entrego el arco y la flecha para que desgarres la carne. 
Te entrego el lanza llamas que haga cenizas el sagrado aposento. 
Quien mandes que corte mi cabeza que de nada ha servido.  
Quien invoques, que borre la poca luz 
que puede haber en mi memoria. 
Si estos ruegos no te sirven
Quemaré esta casa y todas las pertenencias. 
No tengo más. El árbol que hiciste nacer se va desnudo…"

No hay mejor momento para saldar una deuda que el amanecer.

A media mañana desde la ventana contempló a la familia en el jardín. 
Todos sentados alrededor de una mesita con humeantes tazas de café 
y ropas de fino hilo. 
Charlaban despreocupados acerca del equilibrio de los patinadores 
en el próximo torneo de invierno.
La madre, la hija, el médico
y la diva que entonaba con cadenciosa frivolidad  
la ópera de los gavilanes. 

Oh entrañable Pushkin,
que rápido olvida el hombre los bordes del precipicio.

El Sabio prendió fuego al velo  
que la hilandera hubo de bordar su nombre. 
Rápido las llamas se extendieron. 
Nadie lograba admitir que ceniza fuera el pergamino extendido en la pared. 
Ni el gramófono, las partituras sobre el piano y el extenso tratado
acerca de las mujeres en las islas, no existieran.

Encerrarlo, que desaparezca, siempre fue un desaforado 
que mereció el calvario en las estepas.
Vociferaba su familia mientras huía por la planicie.

Después del acontecimiento, el pequeño hijo iba al abedul que juntos sembraron.
No es mi tiempo,decía mientras lo regaba, apenas alcanzo a tocar las primeras ramas
Por un instante al fondo de la escudilla vio reflejado en el agua sus propios ojos.
Eran serenos como los de su padre.





















lunes, 7 de enero de 2019

Todo cae y se acrecienta.















Todo cae y se acrecienta.
Caen los ángeles sin importarle que su caída
encarne la inclemencia de nuestras apreciadas ilusiones.
Caen sobre los bosques de donde surgió el resplandor
que ahora llevan los ciervos.

Caen y no volverán a ser contemplados
porque la esencia de cualquier quimera
perdura en todo aquello que se disipa.
Caen con el propósito de que los hombres
no aspiren sentarse a la sombra de sus alas.

Caen porque así cayeron
los leones de alabastro que ostentan los reinos
para demostrar su poder.

Lo que cae, sin dilación, asciende con otro nombre
en un ciclo que preserva y devora.

Con la ascensión se restablece el orden de lo que fue insólito.
Se renueva el garabato en cual se ha escrito la historia del mundo.
Cobra esplendor la calcinada tierra,
Pasta el ganado en los brazos de ciertos dioses.

Al parecer los hombres no pueden estar
por mucho tiempo vacíos de ensueños,
  porque si así fuera, sucumbirían por falta de no crearlos.

martes, 1 de enero de 2019





Al narrador colombiano Armando Caicedo

En esas noches amargas,
confundo las voces de los amigos que ya no están
con el aullido de los perros.
Presiento la cercanía del cuervo
que calará con el pico los soportes de mi cama.
Uno intenta quedar sereno
ante desfiguraciones que emanan de la soledad.
Pero de pronto aparece una casa a punto del desplome.
Sentado sobre el techo, un niño le demanda al cielo
que su madre renuncie buscar refugio en la despensa,
Ella no ha salido a ver las estrellas,
no sabe del pájaro blanco que puntual se posa en el horizonte .

El niño exige con vehemencia
que al padre le sea devuelto el ojo y la mano. 
Ojo para verlo de cerca y mano que le aplaque el espanto.
Siempre con la vista fija en las alturas,
las piernas balanceándose en el borde de la cornisa,
el niño exige recobrar la carta del hermano caído en combate

¿Que habrá escrito bajo el humo de los obuses?  
¿Cuál mensaje no logró trasmitir a los que aguardaban su llegada?

El niño no quiere ser la estatua en la glorieta de un parque,
y menos morir con una carta apretada al pecho que nadie leerá.
Le basta jugar con la esfera que rueda invencible por los campos,
le basta descubrir los tesoros que en la  cañada yacen enterrados .

En esas noches amargas
la imagen del niño,  en sombrías visiones atrapado,
puede que me anime a descubrir
-->
que la hermandad  se adquiere en la lágrima del otro.


El Inmenso Silencio

' EL INMENSO SILENCIO A mi buen padre Regresaba de estar con mi padre en sus últimos momentos. Me había esperado, no sé cuán...