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lunes, 7 de enero de 2019

Todo cae y se acrecienta.















Todo cae y se acrecienta.
Caen los ángeles sin importarle que su caída
encarne la inclemencia de nuestras apreciadas ilusiones.
Caen sobre los bosques de donde surgió el resplandor
que ahora llevan los ciervos.

Caen y no volverán a ser contemplados
porque la esencia de cualquier quimera
perdura en todo aquello que se disipa.
Caen con el propósito de que los hombres
no aspiren sentarse a la sombra de sus alas.

Caen porque así cayeron
los leones de alabastro que ostentan los reinos
para demostrar su poder.

Lo que cae, sin dilación, asciende con otro nombre
en un ciclo que preserva y devora.

Con la ascensión se restablece el orden de lo que fue insólito.
Se renueva el garabato en cual se ha escrito la historia del mundo.
Cobra esplendor la calcinada tierra,
Pasta el ganado en los brazos de ciertos dioses.

Al parecer los hombres no pueden estar
por mucho tiempo vacíos de ensueños,
  porque si así fuera, sucumbirían por falta de no crearlos.

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